Contenido y Carácter

Julio 24, 2009

Los Dos Kaplan

La influencia del artículo “Demonstratives” de David Kaplan en el desarrollo de la semántica contemporánea ha sido y sigue siendo enorme. En él, Kaplan consiguió hacer lo que Frege (nada menos) intentó sin éxito hacer y que tanto Tarski como Quine sospechaban que no se podría hacer: elaborar una semántica formal adecuada para un lenguaje con expresiones indexicales.

Sin embargo, a pesar de sus indiscutibles méritos, “Demonstratives” contiene una tensión fundamental que ha causado y sigue causando confusión en sus lectores. A mi entender, esta tensión es producto de dos tipos de proyectos potencialmente conflictivos: de un lado tenemos el proyecto del Kaplan-lógico y del otro el proyecto del Kaplan-filósofo.

El proyecto del Kaplan-lógico es el de elaborar un sistema formal, es decir, el de construir un lenguaje formal con expresiones modales e indexicales y formular una semántica veritativo-condicional para el mismo. De otro lado, el proyecto del Kaplan-filósofo es el de hacer uso del sistema formal del Kaplan-lógico a fin de proponer una teoría del significado para el lenguaje natural (en particular, la lengua inglesa).

En general, a fin de lograr su propósito, una teoría del significado para un lenguaje L debe asignar valores semánticos a las expresiones de L. Ambos, el Kaplan-lógico y el Kaplan-filósofo, ven al valor semántico de una oración declarativa S en un contexto C como compuesto de dos elementos: el contenido y el carácter. Para el Kaplan-lógico, tanto el contenido como el carácter de S en C son funciones, f: mientras que el contenido de S en C es una función de las circunstancias de evaluación a las condiciones de verdad de S en C, su carácter es una función del contexto de uso a dicho contenido. En general:

(a1) Contenido: Circunstancias \rightarrow Extensiones

(b1) Carácter: Contextos \rightarrow Contenidos

Esto no es así para el Kaplan-filósofo. Para este último, el contenido de S en C es la proposición estructurada que S expresa en C y el carácter de S en C es una función del contexto de uso a dicha proposición estructurada. Por lo tanto:

(a2) Contenido de S en C: Proposición Estructurada

(b2) Carácter de S en C: Contextos \rightarrow Proposición Estructurada

¿A qué se debe esta discrepancia?

David Lewis en su “Index, Context, and Content” (el cual he releído motivado por un interesante seminario de Dilip Ninan durante el Arché Summer School), nos da elementos que nos permiten tentar una respuesta. Según Lewis, son dos los roles que el valor semántico de una oración tiene que cumplir:

(I) Tiene que comportarse de acuerdo con el Principio de Composicionalidad [“El significado de una oración es una función del significado de sus partes y de la forma como éstas están combinadas sintácticamente”], y

(II) Tiene que determinar las condiciones de verdad de S.

A fin de cumplir el primer rol, el Kaplan-lógico sigue a Frege en construir significados no-saturados como funciones y hace uso de la, por entonces, novedosa técnica del Índice Doble: mientras que el primer índice (el contexto de uso) provee de extensiones a las expresiones del lenguaje sensibles al contexto (‘yo’, ‘hoy’, ‘aquí’, etc.), el segundo índice (las circunstancias de evaluación) hace lo propio con los operadores modales (‘necesariamente’, ‘posiblemente’, etc.), temporales (‘en el futuro’, ‘en el pasado’, etc.) e indéxicos (actualmente (actually), ahora’ (now)). Sin ahondar en los detalles técnicos, simplemente diré que el uso de funciones y la técnica del Índice Doble satisface los requerimientos del Principio de Composicionalidad. El segundo requerimiento también es satisfecho por el sistema formal del Kaplan-lógico: el contenido de S en C es precisamente una función del contexto de uso a las condiciones de verdad de S.

No obstante, el Kaplan-filósofo no está satisfecho con estos alentadores resultados. Él quiere que una teoría del significado para un lenguaje natural no sólo satisfaga (I) y (II), sino que además capture la información expresada por las oraciones de dicho lenguaje en distintos contextos. En otras palabras, el Kaplan-filósofo busca que su teoría del significado además prediga correctamente lo que es dicho (what is said) por las oraciones del lenguaje natural. Así, el Kaplan-filósofo es consciente de que no es lo mismo hablar de las condiciones de verdad de S en C que hablar de la información expresada por S en C: las condiciones de verdad de S en C dependen de la información que S expresa en C.

Esta observación lleva al Kaplan-filósofo a preferir a la proposición estructurada por encima de la función como el tipo de entidad que cumple el rol de ser el contenido semántico de S en C. Y es que a diferencia de una función o un conjunto de mundos posibles, una proposición estructurada es una entidad que al estar compuesta por objetos, propiedades y estructuras sintácticas similares a las de las oraciones que la expresan, es un mejor candidato a ser el tipo de entidad que puede ser sabida, creída, dudada, etc. por agentes cognitivamente limitados como nosotros. Puesto de otro modo, las proposiciones estructuradas, a diferencia de las funciones, los mundos posibles o las condiciones de verdad, pueden jugar el papel de ser los objetos de las actitudes proposicionales.

Muchas de las confusiones con respecto a la semántica de Kaplan que uno encuentra en la literatura contemporánea se deben en gran medida a no tener en cuenta la tensión entre el proyecto del Kaplan-lógico y aquel del Kaplan-filósofo. Esta omisión quizás sea el pecado original de varias de las teorías semánticas actuales que se consideran herederas de la obra de Kaplan.

Mayo 22, 2009

¿Significan los Nombres Propios?

Estoy participando en un seminario dictado por David Kaplan sobre su artículo “Words”. Como todos los artículos de Kaplan, éste está repleto de ideas sorprendentes, observaciones agudas, argumentos novedosos y buen sentido del humor. Entre las ideas que sugirió Kaplan ayer, una me sorprendió muchísimo. La idea es la siguiente: Quizás los nombres propios carezcan de significado. Esta idea posiblemente no sorprenda a la mayoría de mortales y con toda razón. Sin embargo, luego de infinitos debates en la filosofía del lenguaje, sobre todo después de Naming and Necessity, la idea –viniendo de Kaplan– sorprende, por decir lo menos. [Kaplan no defendió la idea como suya, sino sólo la mencionó como una alternativa a considerar.]

El tema de discusión era la semántica de los nombres propios. Kaplan distingue entre lo que él llama ‘nombres comunes’ (common currency names) y ‘nombres genéricos’ (generic names). De acuerdo con esta distinción, ‘Aristóteles’ es el nombre genérico tanto del filósofo griego como del magnate griego (Onassis). Sin embargo, el nombre del filósofo y el del magnate son dos nombres comunes distintos. Así, mientras que el nombre genérico ‘Aristóteles’ es uno sólo, hay tantos nombres comunes ‘Aristóteles’ como individuos llamados ‘Aristóteles’ [asumamos, para no complicar más las cosas, que el nombre del filósofo y el del magnate se escriben y pronuncian tal y como lo escribimos y pronunciamos en castellano].

Kaplan sostiene que los nombres genéricos no nombran, no tienen referencia. De hecho, no son nombres propios en sentido estricto y, por lo tanto, no son objeto de estudio de la semántica de los nombres propios o de la lógica. Los nombres que nos interesan en semántica y lógica son los nombres comunes.

Esta manera de distinguir los nombres propios no debe ser confundida con la diferencia tipo/caso (type/token). Por ejemplo, considera la siguiente oración:

(1) Aristóteles fue el maestro de Alejandro Magno y Aristóteles fue el alumno más brillante de Platón.

La oración (1) presenta dos casos (tokens) del nombre común ‘Aristóteles’ (que es uno sólo). Hasta aquí, todo parece ir bien. Sin embargo, ahora considera la siguiente oración:

(2) Aristóteles fue el maestro de Alejandro Magno y Aristóteles se casó con Jacqueline Kennedy.

¿Es la oración (2) verdadera o falsa? Una respuesta en la línea de Kaplan sería: “Depende. Si los dos ‘Aristóteles’ son casos (tokens) de un sólo nombre común, (2) es falsa. Sin embargo, si el primer ‘Aristóteles’ es un caso (token) del nombre común del filósofo y el segundo ‘Aristóteles’ es un caso (token) del nombre común del magnate, (2) es verdadera.” Este mismo razonamiento se aplicaría a (3):

(3) Aristóteles fue el maestro de Alejandro Magno y Aristóteles no fue el maestro de Alejandro Magno.

La oración (3) es contradictoria si y sólo si los dos ‘Aristóteles’ son casos (tokens) de un sólo nombre común. Pero entonces, ¿deberíamos decir que (2) y (3) son ambiguas? De acuerdo con el Millianismo (i.e., la tesis según la cual el significado de un nombre propio es idéntico a su referente), la respuesta pareciera ser “sí”. No obstante, si ésta fuera nuestra respuesta, tendríamos que decir lo mismo de (1), ya que los dos ‘Aristóteles’ podrían ser casos (tokens) de un sólo nombre común, o ser casos (tokens) de dos nombres comunes respectivamente. Pero si esto es así, se sigue que toda oración que contenga ‘Aristóteles’ es ambigua. Peor aún; toda oración que contenga un nombre propio cualquiera (ejm. ‘Juan’, ‘Eduardo’, ‘Rosa’) sería ambigua.

Este resultado es extraño. Es aquí donde la sorpresiva sugerencia de Kaplan adquiere relevancia: “Quizás los nombres propios, como los indexicales, carezcan de significado y sólo tengan reglas de uso.” Claro, si los nombres propios carecen de significado y la ambigüedad es una propiedad de ciertas expresiones con respecto a su significado, se sigue que los nombres propios no son ambiguos. Pero la solución propuesta es doblemente sorprendente: (1) ¡los nombres propios carecen de significado! (2) ¡los indexicales carecen de significado!

En “Demonstratives” Kaplan desarrolla un sistema lógico para lenguajes que contengan indexicales. Allí él sostiene que los indexicales tienen dos tipos de significado: el contenido y el carácter (¿suena familiar?). No voy a entrar en detalles (aquí explico un poco más el tema). Según esta teoría, el carácter de un indexical tal como ‘yo’ es aquello que todo hablante competente tiene que aprender y, por lo tanto, es aquello que comúnmente se considera como el significado de ‘yo’. [De hecho, es el carácter de ‘yo’ lo que un diccionario registra en la entrada para ‘yo’].

Sin embargo, en su conferencia The Meaning of ‘Ouch’ and ‘Oops’ (aquí), Kaplan sugiere que el carácter de ‘yo’ no captura su significado sino su regla de uso. Mas aún, Kaplan sugiere que los indexicales como ‘yo’ u ‘hoy’ se parecen más a ‘hola’ o ‘chao’ que a ‘soltero’ o ‘televisor’; una semántica adecuada para estas expresiones lingüísticas (‘hola’ o ‘chao’) no debería concentrarse en su significado (no tienen) sino en sus reglas de uso.[Para usar competentemente ‘hola’ sólo tienes que saber en qué circunstancias se usa correctamente]. Similarmente, Kaplan sugirió que quizás ésta sea la mejor manera de entender los nombres propios; como carentes de significado pero con reglas de uso.

Esta sugerencia me resulta muy problemática ya que si fuera cierto que los nombres propios carecieran de significado, toda oración declarativa que contenga un nombre propio carecería de valor de verdad o no expresaría una proposición o expresaría una proposición hueca (gappy proposition). Ninguno de estos resultados me parece correcto.

Yo más bien creo que la confusión se debe a la noción de significado. En un sentido coloquial de ‘significado’, es cierto que ‘yo’ u ‘hoy’ carecen de él; lo que aprendemos cuando aprendemos a usarlos correctamente son sus reglas de uso. Sin embargo, en un sentido teórico el significado de una expresión e es la contribución que e hace a las proposiciones que las oraciones que contienen a e expresan. En ese sentido, los indexicales y los nombres propios tienen significado. Es este sentido técnico de ‘significado’ el que nos interesa cuando estudiamos semántica formal y lógica. No creo que Kaplan esté en desacuerdo conmigo en esto. ¿O sí?

Enero 5, 2009

Semántica Insensible: Tests de Sensibilidad Contextual

Una de las objeciones centrales de Insensitive Semantics en contra del Contextualismo es que éste es empíricamente inadecuado. La objeción puede ser reconstruida de la siguiente manera:

(P1) Una expresión lingüística e es semánticamente sensible al contexto sólo si los hablantes competentes tienen ciertas intuiciones sobre las oraciones que contienen a e.

(P2) Si una teoría semántica T incluye entre las expresiones semánticamente sensibles al contexto a una expresión e’ acerca de la cual los hablantes competentes no tienen las intuiciones en cuestión, T es empíricamente inadecuada.

(P3) Tanto el Contextualismo Radical como el Moderado incluyen en el conjunto de expresiones lingüísticas semánticamente sensibles al contexto una serie de expresiones sobre las cuales los hablantes competentes no tienen las intuiciones relevantes.

(C) Tanto el Contextualismo Radical como el Moderado son empíricamente inadecuados.

Pero, ¿cuáles son las intuiciones a las que Cappelen y Lepore se refieren? Las intuiciones en cuestión tienen que ver con los resultados de tres tests que los autores diseñan. Según ellos, toda expresión genuinamente sensible al contexto debería pasar dichos tests y todo hablante competente debería estar de acuerdo con el resultado de los mismos. A decir de Cappelen y Lepore, el resultado de este ejercicio es el siguiente: todas las expresiones que el Minimalismo Semántico (la teoría que Cappelen y Lepore defienden) cataloga como semánticamente sensibles al contexto pasan los tres tests. En contraste, las expresiones que el Contextualismo añade a la lista de dichas expresiones no pasan los mismos.

Muy brevemente, los tests son los siguientes:

Test 1: Las expresiones sensibles al contexto tienden a bloquear los reportes desentrecomilladores inter-contextuales indirectos.

Por ejemplo, supongamos que yo emito la siguiente oración: ‘Yo estoy escribiendo este post.’ Si tú reportaras mi emisión diciendo ‘Eduardo dice que yo estoy escribiendo este post’, lo que dirías sería falso. En otras palabras, si tu reporte fuera desentrecomillador inter-contextual indirecto, tu reporte sería falso. En general, puesto que ninguna oración S que contiene ‘yo’ puede ser correctamente reportada por un hablante que no sea el emisor original de S sin cambiar el pronombre personal ‘yo’, esto pondría en evidencia que la expresión ‘yo’ es semánticamente sensible al contexto. Dado que –según Cappelen y Lepore– todos los indexicales obvios (i.e. ‘yo’, tú’, ‘eso’, ‘esto’, ‘aquello’, ‘aquí’, ‘allá’, ‘hoy’, ‘ayer’, etc.) y sólo ellos bloquean (hacen falsos) los reportes desentrecomilladores inter-contextuales indirectos, los autores concluyen que sólo ellos son semánticamente sensibles al contexto. Como el Contextualismo sostiene que los indexicales obvios no son las únicas expresiones semánticamente sensibles al contexto, el Contextualismo es falso.

Test 2: Las expresiones sensibles al contexto tienden a bloquear las descripciones colectivas.

Por ejemplo, supongamos que sabemos que la oración ‘Vanessa partió ayer’ es verdadera en un contexto C y que la oración ‘Álvaro partió ayer’ es verdadera en un contexto C*. Dado que de esto no se sigue que haya un contexto C** en el que la descripción colectiva ‘Vanessa y Álvaro partieron ayer’ sea verdadera, podemos concluir que ‘ayer’ es semánticamente sensible al contexto. Según Cappelen y Lepore, todos los indexicales obvios y sólo ellos tienden a bloquear (hacer falsas) las descripciones colectivas. Puesto que el Contextualismo sostiene que los indexicales obvios no agotan el conjunto de expresiones semánticamente sensibles al contexto, el Contextualismo es falso.

Test 3: Las expresiones sensibles al contexto admiten argumentos de real variación contextual (ARVC).

Los Argumentos de Real Variación Contextual (ARVC) funcionan así. Empecemos por distinguir entre dos tipos de contextos: el Contexto de Narración (Storytelling Context) y el Contexto Meta (Target Context). El Contexto de Narración es el contexto en el que uno imagina o narra diferentes usos de un término e a fin de generar intuiciones sobre su sensibilidad contextual. El Contexto Meta es el contexto imaginado o descrito en el que se usa e. Según este test, si e es sensible al contexto, debería ser posible el usar en el Contexto de Narración una oración S que contenga a e para expresar una proposición verdadera y, al mismo tiempo, mencionar S en el Contexto de Narración para describir una emisión falsa de S en el Contexto Meta. Por ejemplo, el siguiente sería un ARVC para la expresión ‘hoy’:

¡Joshua nunca sabe qué día es! Hace dos días me dijo ‘Hoy es 5 de enero de 2009’. Sin embargo, hoy es 5 de enero de 2009.

En este caso, el Contexto de Narración sería el 5 de enero de 2009, mientras que el Contexto Meta sería el 3 de enero de 2009. Puesto que el ARVC descrito es perfectamente legítimo, podemos concluir que ‘hoy’ es semánticamente sensible al contexto. Según Cappelen y Lepore, sólo se pueden construir ARVCs para los indexicales obvios. Como el Contextualismo sostiene que los indexicales obvios no son las únicas expresiones semánticamente sensibles al contexto, el Contextualismo es falso.

John Hawthorne ha argumentado que estos tests no logran su cometido. A continuación presento algunos problemas que Hawthorne formula en contra de ellos.

Contra el Test 1: Intuitivamente, el término ‘cercano’ es sensible al contexto. Sin embargo, si el Test 1 fuese correcto, esta expresión debería ser contextualmente insensible. Por ejemplo, supongamos que yo estoy en Lima y Sergio en Buenos Aires. Supongamos que estamos conversando por teléfono y Sergio me dice ‘Un restaurante cercano sirve un excelente asado’. Más tarde, me encuentro con Silvia y me pregunta si sé algo sobre Sergio. Yo le cuento sobre las aventuras de Sergio en Buenos Aires y le digo ‘Sergio dijo que un restaurante cercano sirve un excelente asado’. Dado que es obvio en el contexto de nuestra conversación que Sergio está en Buenos Aires y no en Lima, mi reporte desentrecomillador inter-contextual indirecto es intuitivamente verdadero. Pero si esto es así –de acuerdo con Cappelen y Lepore– ‘cercano’ no es sensible al contexto, lo cual va en contra de nuestras intuiciones.

Contra el Test 2: Intuitivamente, las expresiones ‘mi/tu/su derecha’ son sensibles al contexto. No obstante, ciertas oraciones que incluyen estas expresiones no pasan el Test 2. Por lo tanto, si Cappelen y Lepore estuvieran en lo correcto, ‘mi/tu/su derecha’ deberían ser contextualmente insensibles. Por ejemplo, supongamos que Silvia y yo estamos conduciendo nuestros respectivos automóviles el uno hacia el otro. Supongamos que llegada cierta distancia entre nuestros autos nos percatamos de la inminente colisión y tanto Silvia como yo giramos cada uno hacia su derecha, evitando así el impacto. En dicho contexto, las oraciones ‘Silvia giró hacia su derecha’ y ‘Eduardo giró hacia su derecha’ serían verdaderas. Sin embargo –contra las predicciones del Test 2 la descripción colectiva ‘Silvia y Eduardo giraron hacia su derecha’ es intuitivamente verdadera.

Contra el Test 3: De acuerdo a Cappelen y Lepore, la expresión ‘estar listo’ no es semánticamente sensible al contexto. De ser así, no debería ser posible formular un ARVC para esta expresión. Sin embargo, es perfectamente posible formular un ARVC para ‘estar listo’. Por ejemplo:

El día del temido examen de cálculo ha llegado. Joshua está listo. Se la ha pasado estudiando todo el verano, privándose de las actividades propias de las vacaciones. Lucho, quien se ha ofrecido a llevarlo al examen en su auto, lo llama por teléfono y le dice ‘Estoy saliendo hacia tu casa en estos momentos. ¿Estás listo?’ Joshua, que todavía está tomando el desayuno, le miente ‘¡Estoy listo!’.

Dado que podemos construir un ARVC para ‘estar listo’, si esta expresión no es sensible al contexto, el Test 3 es incorrecto.

Tal parece, pues, que los tests que Cappelen y Lepore proponen no cumplen el rol para el que ellos los diseñaron. A pesar de que parecieran funcionar bien con los indexicales puros (o, en su terminología, los indexicales obvios), no sucede lo mismo con ciertos términos que uno tendería intuitivamente a catalogar como sensibles al contexto. Si bien esto no muestra que los tests son completamente inadecuados, sí muestra que no son concluyentes. La razón por la que creo que no son concluyentes es que los tests presuponen una tesis falsa: Los hablantes competentes tienen intuiciones semánticas claras y confiables sobre la sensibilidad contextual de las expresiones que usan. Esta asunción es particularmente evidente en las premisas (P1)-(P3) del argumento con el que inicio este post. Si bien una teoría semántica debería ofrecer una explicación rigurosa y clara de ciertas intuiciones que los hablantes competentes tienen sobre el significado de las expresiones que usan, no es parte de la empresa semántica suponer que los hablantes competentes tienen intuiciones claras y confiables sobre el contenido semántico de las expresiones que usan. En particular, un hablante competente del castellano por el solo hecho de ser competente con el castellano, no tiene por qué tener intuiciones semánticas claras y confiables sobre la sensibilidad contextual de las expresiones que usa. La semántica es una empresa altamente teórica y las discusiones en torno a ella requieren un grado significativo de reflexión y un manejo razonable de ciertas herramientas conceptuales y técnicas que no están al alcance de todo hablante competente.

Diciembre 8, 2008

Semántica Insensible: La Inestabilidad de los Argumentos de Incompleción

Luego de una larga pausa obligada por la apretada agenda académica, retomo la discusión sobre el libro Insensitive Semantics. En el post anterior presenté la estrategia argumentativa que emplean Cappelen y Lepore para refutar tanto el Contextualismo Radical como el Contextualismo Moderado. La idea de los autores es que una vez refutadas estas posturas semánticas, quedaría en pie sólo su teoría semántica predilecta: el Minimalismo Semántico. Como señalé en el post del 9 de Octubre, este argumento por eliminación me parece incorrecto. En todo caso, en este post quiero concentrarme en una de las objeciones que los autores ofrecen en contra del Contextualismo Moderado: la que ellos llaman “la inestabilidad del argumento de incompleción”.

Comencemos, pues, por revisar el argumento de incompleción. Considera las siguientes oraciones:

(1) María está lista.

(2) María está lista para su examen de cálculo.

Según el contextualista moderado, hay una asimetría fundamental entre lo que dicen emisiones de (1) y lo que dicen emisiones de (2): mientras que lo que dicen emisiones de (1) depende fuertemente del contexto de uso, lo que dicen emisiones de (2) no presenta el mismo grado de dependencia. En otras palabras, mientras que no tiene sentido preguntarse por lo que dice (1) fuera del contexto de uso, es perfectamente inteligible hacerse esa pregunta en relación a (2). Dado que tanto (1) como (2) son oraciones sintácticamente bien formadas –razona el contextualista moderado– la diferencia tiene que darse a nivel semántico. En efecto, compara las siguientes oraciones:

(1*) ‘María está lista’ expresa la proposición de que María está lista y es verdadera si y sólo si María está lista.

(2*) ‘María está lista para su examen de cálculo’ expresa la proposición de que María está lista para su examen de cálculo y es verdadera si y sólo si María está lista para su examen de cálculo.

Mientras que (2*) determina las condiciones de verdad de (2), (1*) no hace lo propio con respecto a (1). Según el contextualista moderado, la razón de esto es obvia: no hay tal cosa como la proposición de que María está lista simpliciter. Así, el contextualista moderado concluye que mientras que el contenido semántico de la oración (2) es una proposición, el contenido semántico de (1) es una entidad sub-proposicional (i.e. una forma lógica incompleta o un esqueleto semántico o un esquema proposicional, etc.). Puesto de otra manera, el contextualista moderado concluye que mientras que la oración (2) es semánticamente completa, la oración (1) es semánticamente incompleta o, lo que es lo mismo, semánticamente sensible al contexto.

La objeción que Cappelen y Lepore formulan en contra de este razonamiento es básicamente la siguiente. Ellos sostienen que si el argumento de incompleción fuese correcto, entonces nos veríamos racionalmente obligados a sostener que virtualmente todas las oraciones del lenguaje natural expresan contenidos sub-proposicionales, i.e. que virtualmente todas las oraciones del lenguaje natural son semánticamente sensibles al contexto. Sin embargo, este resultado es claramente inaceptable (ver post anterior).

La pregunta clave para los autores es: ¿Qué principio justifica el que (1) y no (2) sea semánticamente incompleta? La respuesta inmediata para Cappelen y Lepore es “ninguno”. Cappelen y Lepore creen que lo que lleva al contextualista moderado a sostener la tesis de que (1) es semánticamente incompleta, es que (1*) no responde a la pregunta ‘¿Para qué está lista María?’. Sin embargo –continúa la objeción– nada nos impide plantear preguntas similares con respecto a (2*): dado que hay un número indeterminado de formas en las que María podría estar lista para su examen de cálculo, el contextualista moderado debería concluir que (2*) tampoco determina las condiciones de verdad de (2) y que, por lo tanto, (2) es también semánticamente incompleta o semánticamente sensible al contexto. Puesto que este mismo razonamiento es, en principio, aplicable a virtualmente todas las oraciones del lenguaje natural, Cappelen y Lepore concluyen que el argumento de incompleción (i.e. la tesis de que ciertas oraciones declarativas sin indexicales expresan contenidos sub-proposicionales) es inestable, i.e. nos lleva inexorablemente al Contextualismo Radical.

Creo que la objeción de Cappelen y Lepore es fallida por varias razones. La más clara es la siguiente: los autores asumen que la pregunta ‘¿Para qué está lista María?’ formulada en relación a (1) es semánticamente tan relevante como preguntas tales como ‘¿Qué tan lista está María para su examen de cálculo?’, ‘¿Está lista para su examen de cálculo porque ha estudiado lo suficiente?’, ‘¿Está lista porque ya está en el lugar del examen?’, ‘¿Está lista psicológicamente para su examen de cálculo?’, etc. formuladas en relación a (2). Basados en la asunción de que siempre podemos continuar haciendo preguntas de este tipo antes de establecer el valor de verdad de una oración cualquiera, los autores concluyen que permitir que ciertas oraciones expresen contenidos sub-proposicionales es abrirle las puertas al Contextualismo Radical.

Es cierto que uno puede seguir haciendo preguntas de este tipo en relación a oraciones tales como (2) que uno no consideraría semánticamente sensibles al contexto. Sin embargo, creo que estas preguntas no son relevantes desde un punto de vista semántico. La razón por la cual la pregunta ‘¿Para qué está lista María?’ formulada en relación a (1) es semánticamente relevante y no la pregunta ‘¿Qué tan lista está María para su examen de cálculo?’ formulada en relación a (1) o (2), es que la relación de estar listo es diádica; se aplica típicamente a pares de objetos o individuos y eventos en general. No es gratuito, pues, que ante una emisión de (1), un hablante competente que no sepa nada sobre el contexto de uso se pregunte inmediatamente ¿para qué está lista María? y no sienta la misma necesidad de hacerse las otras preguntas mencionadas. Si esto es así, entonces no veo por qué sostener que (1) es semánticamente incompleta o semánticamente sensible al contexto implique sostener que (2) también lo sea. De otro lado, si bien es cierto que hasta el momento no se ha formulado un principio que distinga claramente entre oraciones semánticamente completas y oraciones semánticamente incompletas, no se sigue de esto que tal diferencia no exista o no sea importante. En todo caso, el que haya o no un principio tal es todavía una pregunta abierta para la semántica.

Octubre 18, 2008

Semántica Insensible: Contextualismo Radical y Contextualismo Moderado

El blanco principal de las críticas de Cappelen y Lepore es el Contextualismo Radical (CR). De acuerdo a los autores, CR es la conjunción de las siguientes tesis:

(CR1) Ninguna oración del lenguaje natural expresa semánticamente una proposición.

(CR2) Toda oración del lenguaje natural expresa semánticamente sólo un contenido sub-proposicional (por ejemplo, una forma lógica incompleta, un esqueleto semántico, un esquema proposicional, etc.).

(CR3) Sólo una emisión (utterance) de una oración del lenguaje natural puede expresar semánticamente una proposición y puede tener condiciones de verdad.

CR es insostenible por varias razones. Entre las más obvias está la falsedad de (CR2). Considera las siguientes oraciones:

(1) Mario Vargas Llosa es Mario Vargas Llosa.

(2) Saul Kripke es un ser pensante y no es un ser pensante.

Si (CR2) fuera verdadera, (1) y (2) serían semánticamente incompletas. Si (1) y (2) fueran semánticamente incompletas, no tendrían condiciones de verdad. Sin embargo, (1) es necesariamente verdadera y (2) es necesariamente falsa. Por lo tanto, (CR2) no es verdadera. Si (CR2) no es verdadera, entonces la conjunción de (CR1), (CR2) y (CR3) no es verdadera. Dado que CR es la conjunción de dichas tesis, CR no es verdadero.

No es sorprendente, pues, que (casi) nadie defienda CR. Cabe entonces preguntarse ¿Por qué Cappelen y Lepore dedican tantos capítulos a refutar CR? La sorprendente respuesta es más o menos la siguiente: “Si bien (casi) nadie defiende CR, varios filósofos defienden una versión moderada del Contextualismo. No obstante, si dicho Contextualismo Moderado fuera verdadero, entonces CR tendría que ser verdadero. Como CR es falso, el Contextualismo Moderado también es falso.” Pero, ¿qué entienden Cappelen y Lepore por ‘Contextualismo Moderado’? Según los autores, el Contextualismo Moderado (CM) puede ser caracterizado como la conjunción de las siguientes tesis:

(CM1) Las expresiones del Conjunto Básico [ver post anterior] no agotan las fuentes de la sensibilidad contextual semántica.

(CM2) No todas las oraciones del lenguaje natural expresan semánticamente proposiciones o tienen condiciones de verdad. Algunas oraciones expresan semánticamente un contenido sub-proposicional (por ejemplo, una forma lógica incompleta, un esqueleto semántico, un esquema proposicional, etc.).

(CM3) Sólo las emisiones (utterances) de aquellas oraciones semánticamente incompletas expresan semánticamente una proposición y tienen condiciones de verdad.

Cappelen y Lepore sostienen que existen dos tipos de argumentos en favor de CM: (i) argumentos que cambian el contexto (context shifting arguments) y (ii) argumentos de incompleción (incompleteness arguments). Sin embargo, los autores sostienen que ambos tipos de argumentos son inestables, es decir, si dichos argumentos determinan si una expresión cualquiera del lenguaje natural es semánticamente sensible al contexto, entonces deberíamos inferir que toda expresión del lenguaje natural es semánticamente sensible al contexto. Dado que aceptar esto último sería aceptar CR, los autores concluyen que el Contextualismo Moderado lleva inexorablemente al Contextualismo Radical.

Este paso del Contextualismo Moderado al Contextualismo Radical es fundamental en el argumento general del libro. De estar en lo correcto, Cappelen y Lepore matarían dos pájaros de un tiro y puesto que -según ellos- sólo son tres las posibles teorías semánticas entre las que uno puede elegir, la teoría que ellos defienden sería la única opción viable. [En el post anterior sostengo que esta afirmación es falsa].

En el próximo post estaré revisando estos argumentos.

Octubre 9, 2008

Semántica Insensible: El Argumento General

Luego de leer los dos primeros capítulos de Insensitive Semantics y de darle una mirada general al libro, me parece que éste es el argumento general del mismo:

(P1) Hay sólo tres categorías a las que una teoría semántica puede pertenecer: (1) el Contextualismo Radical, (2) el Contextualismo Moderado y (3) el Minimalismo Semántico.

(P2) El Contextualismo Moderado implica al Contextualismo Radical.

(P3) El Contextualismo Radical es falso.

(C1) El Contextualismo Moderado es falso.

(P4) La mejor explicación de los fenómenos lingüísticos que tanto el Contextualismo Radical como el Contextualismo Moderado no pueden explicar es dada por el Minimalismo Semántico junto con el Pluralismo de los Actos de Habla.

(P5) Es razonable creer que las teorías que ofrecen la mejor explicación de estos fenómenos lingüísticos son verdaderas.

(C2) Es razonable creer que el Minimalismo Semántico junto con el Pluralismo de los Actos de Habla son verdaderos.

¿Por qué los autores creerían que (P1) es verdadera? [La hipótesis de que Cappelen y Lepore creen que (P1) es verdadera se ve reforzada por el hecho de que su primer argumento en favor del Minimalismo Semántico es un argumento por eliminación. Ver p. 151]. Al parecer, el razonamiento sería el siguiente: Definamos ‘Conjunto Básico’ como el conjunto de las expresiones del lenguaje natural que son indiscutiblemente sensibles al contexto. El Conjunto Básico será pues el conjunto de los indexicales obvios (‘yo’, tú’, ‘eso’, ‘esto’, ‘aquello’, ‘aquí’, ‘allá’, ‘hoy’, ‘ayer’, etc.). Una vez definido el Conjunto Básico, son sólo tres las posibles posturas que uno puede tomar: (a) Las únicas expresiones del lenguaje natural sensibles al contexto son aquellas que constituyen el Conjunto Básico, (b) El Conjunto Básico es un subconjunto propio del conjunto de expresiones del lenguaje natural que son sensibles al contexto, (c) El conjunto de expresiones del lenguaje natural que son sensibles al contexto es el conjunto de todas las expresiones del lenguaje natural. La alternativa (a) es defendida por el Minimalismo Semántico, la alternativa (b) es defendida por el Contextualismo Moderado y la alternativa (c) es defendida por el Contextualismo Radical. Dado que estas alternativas son exhaustivas, (P1) es verdadera.

El problema que tengo con (P1) es el siguiente: el razonamiento descrito sería correcto sólo si las teorías semánticas en cuestión se limitaran a afirmar y defender las opciones (a), (b) o (c). Sin embargo, las teorías mencionadas no se limitan a esto. Esto es claro cuando los autores, por ejemplo, describen el Minimalismo Semántico. De acuerdo a Cappelen y Lepore, el Minimalismo Semántico es la teoría según la cual el contenido semántico de una oración S es (i) la proposición contextualmente invariable que todas las emisiones de S comparten y (ii) es la proposición que puede ser entendida y reportada correctamente por un hablante que ignora completamente el contexto en el que la emisión original de S tuvo lugar. Además, el Minimalismo Semántico sostiene que (iii) toda sensibilidad semántica al contexto es gramaticalmente activada.

A menos que (i), (ii) y (iii) se deriven lógicamente sólo de la opción (a) [‘Las únicas expresiones del lenguaje natural sensibles al contexto son aquellas que constituyen el Conjunto Básico’], (P1) es falsa. Entre las razones que tengo para creer que (i), (ii) y (iii) no se derivan lógicamente sólo de la opción (a) está la siguiente: la proposición de la que hablan tanto (i) como (ii) es una proposición completa, es decir, una proposición cuyas condiciones de verdad y cuyo valor de verdad son especificables independientemente de todo contexto de uso. Sin embargo, esta no es la única manera (y sospecho que tampoco la mejor manera) en la que uno puede aceptar y defender la alternativa (a). Uno podría sostener que ciertas oraciones del lenguaje natural expresan semánticamente proposiciones incompletas, es decir, proposiciones cuyas condiciones de verdad y cuyo valor de verdad no son especificables independientemente de todo contexto de uso. Por ejemplo, uno podría argumentar que la oración ‘Carla está lista’ expresa una proposición incompleta. Esto no implica sostener que la oración ‘Carla está lista’ es semánticamente sensible al contexto (contrariamente a la acusación de Cappelen y Lepore). Uno puede sostener que dicha oración es semánticamente insensible al contexto, es decir, que expresa la misma proposición incompleta en todos los contextos en los que puede ser enunciada. Según esta alternativa, la proposición incompleta en cuestión sería pragmáticamente completada de acuerdo con el contexto de uso.

En fin, estoy seguro de que estos temas serán relevantes más adelante en el libro.

Octubre 8, 2008

Semántica Insensible

Ya tengo en mis manos el libro de Cappelen y Lepore “Insensitive Semantics: A Defense Of Semantic Minimalism And Speech Act Pluralism”. El libro tiene por lo menos dos propósitos claros: (i) refutar toda forma de contextualismo semántico y (ii) defender tanto el minimalismo semántico como el pluralismo de los actos de habla (tal y como dice el título del libro). Muy brevemente, y sólo con el ánimo de dar una simple idea de lo que las mencionadas teorías proponen, el minimalismo semántico sostiene que las únicas expresiones del lenguaje natural cuyo contenido semántico (significado) depende del contexto en el que son enunciadas son los indexicales obvios, es decir, (a) los pronombres personales (‘yo’, tú’, ‘él’, ‘ella’, etc.), (b) los demostrativos (‘eso’, ‘esto’, ‘aquello’, etc.) y (c) adverbios tales como ‘aquí’, ‘allá’, ‘hoy’, ‘ayer’, etc. Fuera de ellas, no existe otra expresión semánticamente sensible al contexto.

A esta teoría (defendida por los autores) se oponen dos formas de contextualismo semántico: (a) el contextualismo radical y (b) el contextualismo moderado. De acuerdo al contextualismo radical, el contenido semántico (significado) de toda expresión del lenguaje natural varía de acuerdo con el contexto de su enunciación. De acuerdo al contextualismo moderado, el contenido semántico (significado) de algunas expresiones que no son miembros del conjunto de los indexicales obvios varía de acuerdo con el contexto de su enunciación. Entre estas expresiones semánticamente sensibles al contexto estarían: (a) adjetivos comparativos (‘alto’, ‘rico’, ‘urgente’, etc.), (b) cuantificadores (en expresiones tales como ‘todos los alumnos’, ‘ninguna persona’, ‘la patria’, etc.), (c) atribuciones de saber (‘Juan sabe que el banco atenderá hoy’), (d) atribuciones morales (‘bueno’, ‘malo’, ‘permisible’, etc.), (e) reportes del clima (‘Está lloviendo’), entre otras.

Dado que el contextualismo semántico está de moda en diversos círculos filosóficos y que no me resulta persuasivo (es más, me parece equivocado), el libro promete ser muy interesante. Así que mi plan es leerlo y escribir algunos comentarios sobre el mismo en el blog.

Septiembre 20, 2008

Semántica del Uso – Video

Hay dos grandes tradiciones filosóficas en el estudio de la semántica: la tradición Formalista (Frege, Russell, Tarski, Carnap, Church y Kripke) y la tradición Anti-Formalista (Wittgenstein II, Strawson, Austin y Grice). Mientras los primeros estaban principalmente interesados en los lenguajes formales, el foco de atención de los segundos eran los lenguajes naturales.

De más está decir que los desacuerdos entre estas dos tradiciones filosóficas son múltiples. Sin embargo, si hay algo en lo que ambas están de acuerdo, es en lo siguiente: los métodos formales de la semántica teórica no son útiles para el estudio de términos del lenguaje natural tales como los peyorativos, diminutivos, interjecciones y epítetos en general. David Kaplan -el filósofo indirectamente responsable del nombre de este blog- no está de acuerdo. En el interesante video que sigue a continuación (The Meaning of ‘Ouch’ and ‘Oops’), Kaplan defiende la controvertida idea de que los métodos de la semántica formal pueden ser usados fructíferamente en el estudio de estos términos.

Julio 30, 2008

5 Problemas Filosóficos Irresueltos

En el año 1900, el matemático alemán David Hilbert publicó una lista de 23 problemas matemáticos irresueltos hasta ese entonces. Esta lista de problemas motivó y desafió tremendamente a los matemáticos contemporáneos de Hilbert. A pesar de que algunos de los problemas ya han sido resueltos, la lista contiene algunos de los problemas matemáticos irresueltos más difíciles jamás formulados (muchos de ellos no han sido resueltos hasta el día de hoy). Pensando en la importancia de la lista de problemas de Hilbert, me pregunté si existía alguna lista similar de problemas filosóficos irresueltos. Así que busqué rápidamente en Google y la encontré en Wikipedia (aquí). Sin embargo, para mi desilusión, la lista deja mucho que desear. En particular, la sección de problemas de la filosofía del lenguaje es atroz (¿qué hace el problema de la inducción en la sección de la filosofía del lenguaje?). Así que decidí formular una pequeña lista de 5 problemas de la filosofía del lenguaje aún irresueltos (muchos de ellos son problemas compartidos con la lógica filosófica, la filosofía de la lógica, la filosofía de la mente, la epistemología y la metafísica). En orden cronológico, los problemas son los siguientes:

1. La Noción de Verdad y La Paradoja del Mentiroso

Considera la siguiente oración [a la que llamaremos ‘($)’]:

($) La oración ($) no es verdadera.

Esta oración es gramaticalmente correcta y perfectamente significativa. El hablante competente promedio del castellano es capaz de entenderla sin mayores problemas. Sin embargo, de ($) y de algunas premisas altamente plausibles derivamos la siguiente contradicción (C2):

(P1) ‘La oración ($) no es verdadera’ es verdadera si y sólo si la oración ($) no es verdadera.

(P2) La oración ($) = ‘La oración ($) no es verdadera’

(C1) La oración ($) es verdadera si y sólo si la oración ($) no es verdadera.

(C2) La oración ($) es verdadera & la oración ($) no es verdadera.

Claramente, (C2) es inaceptable. ¿Dónde radica el problema? ¿Acaso una de las premisas, (P1) o (P2), es incorrecta? ¿Cuál? (P2) expresa algo que es empíricamente verificable por simple observación. (P1) es una instancia del siguiente esquema (aparentemente) fundamental en nuestra comprensión del predicado de verdad: ‘S’ es verdadera si y sólo si S. Pero si tanto (P1) como (P2) son altamente plausibles, ¿qué es lo que la paradoja muestra sobre nuestra noción de verdad? ¿Acaso muestra que nuestra noción de verdad es defectuosa? ¿Qué es lo que la paradoja muestra sobre nuestro lenguaje? ¿Acaso muestra que las reglas de nuestro lenguaje son inconsistentes? ¿Qué significa que las reglas de un lenguaje natural sean inconsistentes? Si la paradoja no muestra que nuestra noción de verdad es defectuosa o que las reglas de nuestro lenguaje son inconsistentes, ¿es posible formular una teoría de la verdad que sea invulnerable a la paradoja del mentiroso en todas sus versiones?

2. Vaguedad y La Paradoja del Montículo de Arena (Sorites Paradox)

Es obvio que un grano de arena no constituye un montículo de arena. Dos granos de arena tampoco constituyen un montículo de arena. En general, si a un conjunto de granos de arena que no constituyen un montículo de arena le agregamos un solo grano de arena, el resultado tampoco constituye un montículo de arena (aceptar la negación de esto implica aceptar la tesis implausible de que hay un número mínimo exacto de granos de arena que constituyen un montículo de arena). Por ende, uno se ve tentado a sostener que el predicado ‘montículo’ es vago, es decir, que no hay una línea divisoria precisa que distinga el conjunto de los objetos a los que el predicado ‘montículo’ se aplica (los montículos) del conjunto de los objetos a los que el predicado en cuestión no se aplica (todos los objetos menos los montículos). Sin embargo, si sostenemos esto, entonces tenemos que aceptar el siguiente enunciado: ‘Para todo número n, si n granos de arena no son suficientes para constituir un montículo de arena, n + 1 granos de arena tampoco son suficientes para constituir un montículo de arena’. Pero este enunciado nos lleva al resultado inaceptable de que no existen los montículos de arena.

Obviamente, la paradoja no tiene nada que ver con los montículos de arena. Uno puede recrear el mismo problema con predicados tales como ‘alto’, ‘calvo’, ‘verde’, ‘niño’, ‘renacuajo’, ‘rico’, etc. Pero entonces, ¿dónde falla el razonamiento? ¿Qué es un predicado vago? ¿Existen los predicados vagos? ¿Es la vaguedad un problema lingüístico o epistémico (“los límites precisos existen, solo que ignoramos dónde están”) ¿Existen objetos vagos (quizá una nube, el Perú o cierta partícula subatómica)? ¿Qué consecuencias trae la paradoja para nuestra noción de valor de verdad (¿existe algún valor además de verdadero y falso? ¿o quizá cuando se trata de los casos limite lo que tenemos es una ausencia de valores de verdad?)? ¿Es la vaguedad simplemente una consecuencia del intento de dar un análisis fuera de contexto del significado de un predicado sensible al contexto?

3. Actitudes Proposicionales y Reportes de Actitudes Proposicionales

Las actitudes proposicionales son estados mentales que un agente puede tener en relación con una proposición. Simplificando bastante las cosas diremos que una proposición es aquello que es expresado por una oración declarativa (más detalles en el problema 4). Entre las actitudes proposicionales están aquellas expresadas por los verbos creer, saber, dudar, desear, temer, etc. De otro lado, los reportes de actitudes proposicionales son oraciones declarativas de la forma ‘Natalia cree/sabe/duda/desea/teme que [... oración declarativa ...].’ El problema que plantean los reportes de actitudes proposicionales es el siguiente: intuitivamente, los reportes de actitudes proposicionales expresan relaciones entre agentes y proposiciones. Diferentes oraciones pueden expresar la misma proposición, por ejemplo, ‘Julio es soltero’ y ‘Julio no está casado’ expresan la misma proposición. Si dos oraciones A y B expresan la misma proposición y A es parte de una oración compleja S, la sustitución de A por B no debería alterar el valor de verdad de S. Sin embargo, muchas veces la sustitución de A por B cambia el valor de verdad de S, en especial si S es un reporte de una actitud proposicional. Por ejemplo, supongamos que el siguiente reporte es verdadero:

(1) Natalia cree que las avellanas índicas son deliciosas.

Dado que (a) y (b) expresan la misma proposición:

(a) Las avellanas índicas son deliciosas.

(b) Los mirobálanos son deliciosos,

la sustitución de (a) por (b) no debería cambiar el valor de verdad de la proposición expresada por (1). Sin embargo, intuitivamente, la oración (2):

(2) Natalia cree que los mirobálanos son deliciosos,

puede ser falsa incluso si (1) es verdadera: Natalia puede ignorar que ‘avellanas índicas’ y ‘mirobálanos’ son sinónimos o Natalia puede creer que los mirobálanos son horribles (por ejemplo, ella podría tener la creencia falsa de que los mirobálanos son una especie de insecto Amazónico). ¿Cómo resolver el problema? ¿Qué tipo de entidad es el objeto de las actitudes proposicionales? ¿Es correcto decir que (1) y (2) pueden tener distintos valores de verdad? ¿Qué es exactamente lo que estamos diciendo cuando reportamos actitudes proposicionales? ¿Son las actitudes proposicionales relaciones entre agentes y algo más? ¿Qué es una actitud proposicional?

4. La Naturaleza de las Proposiciones

Usualmente se dice que una proposición es aquello que tiene las siguientes propiedades (entre otras):

(a) Es aquello que puede ser creído, sabido, dudado, aseverado, etc. (en otras palabras, es el objeto de las actitudes proposicionales).

(b) Es aquello que puede ser verdadero o falso, necesario o contingente (en otras palabras, tiene condiciones de verdad).

(c) Es aquello que es denotado por una oración subordinada sustantiva con función de sujeto o complemento directo, introducida por la conjunción ‘que’ (por ejemplo, ‘Natalia cree que [las avellanas índicas son deliciosas].’)

(d) Es aquello que es expresado por una oración declarativa en un contexto determinado.

Sin embargo, ¿qué es exactamente una proposición? (nótese que (a)-(d) sólo dicen ‘aquello’) ¿Qué tipo de entidad tiene las propiedades expresadas en (a)-(d)? ¿Existen las proposiciones? ¿Cuál es la naturaleza de la relación oración-proposición? ¿Tienen partes las proposiciones? ¿Cuáles son? ¿Qué es lo que le da unidad a la proposición? ¿Son las proposiciones universales? ¿Qué es lo que distingue a las proposiciones de otros universales tales como la forma, el color, los números, etc.?

5. Semántica y Pragmática

La distinción usual que se hace entre la semántica y la pragmática es la siguiente: mientras que la pragmática estudia el uso de los signos lingüísticos en determinados contextos, la semántica estudia el significado de los signos lingüísticos independientemente de su uso. Sin embargo, a menos que tengamos una teoría precisa y rigurosa sobre la relación entre el uso y el significado, distinción entre la semántica y la pragmática está lejos de ser explicativa. Éste es precisamente el problema: carecemos de una teoría precisa y rigurosa sobre la conexión entre el uso y el significado. Una teoría tal debería ser capaz de responder adecuadamente preguntas tales como: ¿Qué es el uso lingüístico y cuál es su relación exacta con el significado de una expresión lingüística? ¿Es el objeto de estudio de la semántica distinto del objeto de estudio de la pragmática? ¿Es el significado de una expresión lingüística determinado por el uso que hacen los hablantes de la misma o es el uso de una expresión lingüística determinado por su significado? ¿Qué es exactamente lo que diferencia un uso correcto de uno incorrecto de una expresión lingüística? ¿En qué consiste la diferencia entre un término sensible al contexto y un término no-sensible al contexto? ¿Cuál es la diferencia entre el contenido semántico y el contenido asertorio de una oración? ¿Cuál es la diferencia entre lo que una oración dice y lo que un hablante dice por medio de la enunciación de una oración en un contexto determinado? ¿Qué principios o reglas gobiernan tanto lo que una oración dice como lo que un hablante dice por medio de la enunciación de una oración?

Junio 20, 2008

Significado, Condiciones de Verdad y Cuasi-Omnisciencia

Según cierta aproximación semántica, el significado (contenido semántico) de una oración S es idéntico a sus condiciones de verdad (relativas al contexto de uso de S). Pero ¿qué son las condiciones de verdad de una oración S? La respuesta estándar es la siguiente: las condiciones de verdad de una oración S en un contexto C son el conjunto de circunstancias en las cuales S, tal y como es usada en C, es (sería) verdadera. En suma, la semántica en cuestión sostiene (T):

(T) El contenido semántico de una oración S es el conjunto de circunstancias en las cuales S es verdadera.

Por ejemplo, si yo te digo:

(1) Mis llaves están encima de mi escritorio,

el significado de (1) en el contexto en el que la enuncio es –según la semántica en discusión– el conjunto de circunstancias en las cuales mis llaves están encima de mi escritorio. Un corolario de esta aproximación es el siguiente:

(Cor) Saber el significado de una oración S es saber las condiciones de verdad de S.

En el ejemplo dado, lo que necesitas saber a fin de comprender mi enunciado (1) no es si lo que he dicho es verdadero o no, sino en qué circunstancias mi enunciado sería verdadero. Ahora, la pregunta obvia es ¿Qué son exactamente las circunstancias de las que estamos hablando? Dependiendo del autor, la respuesta varía. Los candidatos más comunes son: mundos metafísicamente posibles, mundos epistémicamente posibles, mundos lógicamente posibles y situaciones abstractas.

Creo que esta aproximación semántica es incorrecta. Aparte de tener problemas técnicos de consideración, creo que es problemática desde un punto de vista filosófico. Si bien creo que el conocido eslogan “el significado es el uso” es (literalmente) falso, sí creo que una teoría del significado debería ser capaz de ofrecer (o por lo menos permitir) una explicación natural del uso que agentes cognitivamente limitados como nosotros hacen del lenguaje. Es precisamente aquí donde creo que la semántica en cuestión falla.

Si el contenido semántico de S es el conjunto de circunstancias en las cuales S es verdadera (T) y, además, saber el significado de S es saber las condiciones de verdad de S (Cor), entonces se sigue que saber el significado de S es saber en qué circunstancias (mundos metafísicamente posibles, mundos epistémicamente posibles, mundos lógicamente posibles o situaciones abstractas) S es verdadera. ¡Pero esto requiere una capacidad cognitiva que excede largamente la de cualquier ser humano!

Por ejemplo, reconsidera (1). Para hacer más evidente el problema del que estoy hablando, imagina que nuestra noción de circunstancias es que éstas son el conjunto de mundos metafísicamente posibles en los que la oración (1) es verdadera. Los problemas con esta noción de contenido semántico son fundamentalmente dos: (i) el número de mundos metafísicamente posibles en los cuales (1) es verdadera es infinito, y (ii) los mundos metafísicamente posibles en los que (1) es verdadera son monstruosamente grandes: mi escritorio puede ser grande o chico, blanco o negro, etc.; mis llaves pueden estar al lado de un libro o debajo de una hoja de papel, juntas o separadas, etc.; el clima puede ser cálido o frio, húmedo o seco; el euro puede subir con respecto al dólar, zombie-Elvis puede ser el nuevo secretario general de la ONU, mis llaves las pudo haber hecho Jacques Derrida, etc., etc., etc. Cambia las circunstancias como quieras. Lo que importa es que en el mundo posible en cuestión mis llaves estén encima de mi escritorio. Ahora bien, si saber el significado de (1) implica saber todas estas combinaciones posibles, entonces el hablante promedio no sabe el significado de (1) ni, en general, de ninguna de las oraciones que usa. Sólo un hablante cuasi-omnisciente puede ser lingüísticamente competente. Este resultado es inaceptable. Incluso si elegimos circunstancias “más pequeñas” (por ejemplo, situaciones abstractas), esta noción de contenido semántico demanda demasiado poder cognitivo de los hablantes. Siempre que las circunstancias elegidas preserven los resultados de la aplicación iterativa de las operaciones lógicas básicas, muy rápidamente se convierten en inasibles para mentes finitas como las nuestras.

Mayo 17, 2008

Intuiciones Kripkeanas En Conflicto – Parte II

He estado terriblemente ocupado en los últimos días por la cantidad de trabajo que suele traer el fin del año académico. Ésta es la razón por la cual no he podido escribir nada nuevo en el blog últimamente. Sin embargo, hoy he decidido darme un respiro en medio de la tormenta e intentar abordar el problema planteado en el post anterior.

El problema es la inconsistencia de la conjunción de las siguientes tesis:

(DR) Un término t es un designador rígido de un objeto x si y sólo si (a) t designa x en todos los mundos posibles en los que x existe y (b) t nunca designa otro objeto en ningún mundo posible.

(M) El significado y el referente de un nombre propio son idénticos.

(T1) El contenido semántico de una oración S es la proposición que S expresa.

(T2) Lo que uno cree cuando cree lo que una oración S dice es que la proposición que S expresa es verdadera.

(F) Un hablante competente puede creer coherentemente que a = a y, al mismo tiempo, no creer que a = b (donde ‘a’ y ‘b’ son nombres propios, y por ende, designadores rígidos, que refieren al mismo objeto).

La tesis que muchos se inclinan a rechazar es (M). Sin embargo, creo que (M) es, si no verdadera, por lo menos plausible. Un argumento muy simple en favor de (M) es el siguiente (a fin de evitar mayores complicaciones excluyo de mi discusión expresiones que contengan indexicales y expresiones ambiguas):

(P1) El significado de una expresión E de un lenguaje L es aquello que permanece constante a través de los diversos usos que los hablantes de L puedan hacer de E en diferentes contextos.

(P2) Lo único que permanece constante a través de los diversos usos que los hablantes de L hacen de un nombre propio n en diferentes contextos es el referente de n.

(C1) El significado de n es su referente.

El contenido de (P1) me parece importante desde un punto de vista semántico. Es precisamente por el hecho de que los significados de las expresiones lingüísticas permanecen constantes que podemos entender y explicar oraciones de nuestro lenguaje que jamás hemos visto u oído antes. (P2) es una consecuencia plausible de los argumentos de Kripke en contra del descriptivismo. Digo plausible porque éstos no establecen contundentemente la verdad de (P2). Sin embargo, no conozco otra alternativa lo suficientemente sólida y convincente al respecto. En todo caso, mi intención no es la de defender (M) sino la de mostrar que uno no tiene que rechazar (M) para intentar darle una solución razonable al problema planteado.

Otra de las tesis que suele ser rechazada es (F). La razón es la siguiente: si aceptamos (M) y tanto ‘a’ como ‘b’ son nombres propios de un mismo objeto, entonces se sigue que ‘a’ y ‘b’ significan lo mismo. Si, además, (T1) y (T2) son verdaderas, entonces creer que a = a es lo mismo que creer que a = b. Por lo tanto, (F) es falsa. Éste es, muy brevemente, el razonamiento de muchos de los llamados Millianos (aquellos que defienden la verdad de (M)). El problema con este resultado es que es poco intuitivo. Para usar el ejemplo dado en el post anterior, el Milliano sostiene que (3) y (4) significan lo mismo:

(3) Eudoxo cree que Héspero es Héspero.

(4) Eudoxo cree que Héspero es Fósforo.

Sin embargo, intuitivamente, el contenido de la creencia de Eudoxo en (3) es a priori y trivial, mientras que en (4) no pareciera trivial. Así que no estoy convencido de que uno deba rechazar (F).

La tesis que creo que uno puede rechazar es (T2). Para mostrar esto quiero usar la distinción que introduce Scott Soames en Beyond Rigidity entre el contenido semántico de una oración S y lo que S asevera. Muy brevemente, la idea es la siguiente: locuciones de oraciones (no ambiguas y sin indexicales) frecuentemente resultan en aseveraciones de múltiples proposiciones. Qué proposiciones serán aseveradas por una locución de S dependerá de (i) el significado (contenido semántico) de S y (ii) los elementos relevantes del contexto en el que dicha locución ocurra.

Por ejemplo, supongamos que en una conferencia Claudia me pregunta “¿Quién es el que está hablando?” Yo respondo “El que está hablando es Saul Kripke”. Luego, Ricardo le pregunta a Claudia si sabe cómo se llama el que está hablando. Claudia responde “Eduardo me dijo que el nombre del que está hablando es ‘Saul Kripke’.” Intuitivamente lo que dijo Claudia es verdadero. Sin embargo yo nunca dije, sensu stricto, que el nombre del que estaba hablando era ‘Saul Kripke’. Soames explica este fenómeno así: el contenido semántico de ‘el que está hablando es Saul Kripke’ no es ‘el nombre del que está hablando es ‘Saul Kripke’’. Sin embargo, mi locución de la oración en cuestión en el contexto descrito asevera que el nombre del que está hablando es ‘Saul Kripke’.

Si la explicación dada es correcta, entonces podemos construir el siguiente argumento:

(P3) Lo que uno cree cuando acepta sincera y reflexivamente una oración S es lo que S dice.

(P4) Lo que una oración S dice en un contexto C no sólo es el contenido semántico de S, sino también lo que S asevera.

(C2) Lo que uno cree cuando acepta sincera y reflexivamente una oración S no sólo es el contenido semántico de S, sino también lo que S asevera.

Si (C2) es verdadera, entonces la proposición que S expresa (su contenido semántico) no es el único (y, en algunos casos, no es el) objeto de lo que uno cree cuando cree lo que una oración S dice. Por lo tanto, (T2) es falsa.

Abril 30, 2008

Intuiciones Kripkeanas En Conflicto

Los antiguos griegos creían erróneamente que el cuerpo celeste que veían al amanecer era distinto del cuerpo celeste que veían al anochecer. Al primero lo llamaron ‘Fósforo’ y al segundo lo llamaron ‘Héspero’. Sin embargo, luego se descubrió que ‘Héspero’ y ‘Fósforo’ referían al mismo cuerpo celeste, a saber, el planeta Venus. Hace poco más de treinta años, Saul Kripke dio tres famosas conferencias que fueron transcritas y publicadas bajo el nombre de ‘Naming and Necessity’. Una de las tesis que Kripke defendió en aquel entonces es que los nombres propios son designadores rígidos. ¿Qué es un designador rígido? La respuesta puede ser expresada de la siguiente manera:

(DR) Un término t es un designador rígido de un objeto x si y sólo si (a) t designa x en todos los mundos posibles en los que x existe y (b) t nunca designa otro objeto en ningún mundo posible.

Kripke usa la noción de designador rígido para refutar las teorías descriptivistas del significado de los nombres propios. Estas teorías sostienen (D1) o (D2):

(D1) El significado (contenido semántico) de un nombre propio es (o es determinado por) una descripción o un conjunto de descripciones que hablantes en distintos mundos posibles asocian con el referente del mismo.

(D2) El significado (contenido semántico) de un nombre propio es (o es determinado por) la descripción o conjunto de descripciones que los hablantes del mundo actual asocian con el referente del mismo.

Por lo tanto, es razonable inferir que Kripke aceptaría (M):

(M) El significado y el referente de un nombre propio son idénticos.

Agreguemos a esto las siguientes tesis semánticas generalmente aceptadas:

(T1) El contenido semántico de una oración S es la proposición que S expresa.

(T2) Lo que uno cree cuando cree lo que una oración S dice es que la proposición que S expresa es verdadera.

Teniendo esto en cuenta, considera las siguientes oraciones:

(1) Héspero es Héspero.

(2) Héspero es Fósforo.

Si la noción Kripkeana de designador rígido es correcta, entonces tanto (1) como (2) expresan verdades necesarias (en otras palabras, (1) y (2) son verdaderas en todos los mundos posibles en los que Venus existe). Sin embargo, Kripke asume que (1) y (2) son normalmente usadas para expresar diferentes cosas. Por ejemplo, si a un griego de la antigüedad (llamémoslo ‘Eudoxo’) le dices (1), él consideraría que no le has dicho nada nuevo. No obstante, si a Eudoxo le dices (2), él consideraría que lo que dices es falso o, si te cree, que estás diciendo algo sorprendentemente verdadero. Por lo tanto, Kripke parece asumir que las oraciones (3) y (4) pueden tener diferentes valores de verdad:

(3) Eudoxo cree que Héspero es Héspero.

(4) Eudoxo cree que Héspero es Fósforo.

En otras palabras, la intuición de fondo parece ser la siguiente:

(F) Un hablante competente puede creer coherentemente que a = a y, al mismo tiempo, no creer que a = b (donde ‘a’ y ‘b’ son nombres propios, y por ende, designadores rígidos, que refieren al mismo objeto).

Pero es claro que (F) contradice (DR), (M), (T1) y (T2). ¿Cómo resolver el conflicto? ¿Cuál de estas tesis [(F), (DR), (M), (T1) o (T2)] rechazarías? ¿Por qué?

Abril 18, 2008

Objetos Posibles – Parte II

En el post anterior formulé un problema sobre la noción de existencia en relación a los objetos posibles. Específicamente, el problema tiene que ver con la forma lógica de la oración (1) y sus consecuencias:

(1) C no existe, pero pudo haber existido.

En este post quiero aventurar dos posibles soluciones al problema. Empecemos por identificar a los sospechosos:

(a) La aseveración de que la oración (1) es verdadera.

(b) La deducción de (2) a partir de (1).

(c) La interpretación Russelliana (3) de (2).

Creo que el sospechoso (a) es inocente. No veo ninguna razón por la que uno rechazaría la afirmación de que (1) es verdadera, otra que simplemente la de impedir la contradicción en cuestión. En otras palabras, rechazar (a) es ad hoc. Es más, al rechazar (a) estaríamos renunciando a intuiciones modales (intuiciones sobre lo posible y lo necesario) sólidamente justificadas y sistematizadas en la lógica modal.

El sospechoso (b) también me parece inocente. La razón es simple: la deducción de (2) a partir de (1) es el resultado de la aplicación de una regla lógica (Generalización Existencial). Por lo tanto, rechazar (b) implicaría sostener que una regla de la lógica clásica es inválida. Considero que rechazar la generalización existencial, en este caso específico, es –para ponerlo en términos ajedrecísticos– “sacrificar la dama”. A pesar de que dicho sacrificio podría ser aconsejable en algunos casos, no creo que el nuestro lo amerite.

Por lo tanto, tiendo a pensar que (c) es el culpable. ¿Cómo solucionar, entonces, el problema? Dos posibilidades vienen a la mente:

(*) Permitir dos cuantificadores existenciales distintos: uno que simbolice el ‘existe’ y otro que simbolice el ‘hay’.

(**) Entender la existencia como una propiedad: la propiedad que todos los objetos existentes, y sólo ellos, instancian.

Si adoptáramos (*), la interpretación de (2) sería algo así: cuando en (2) decimos ‘Hay algo que no existe’, el alcance del primer cuantificador existencial (expresado por ‘hay’) incluiría no sólo los objetos existentes en este mundo, sino también los objetos posibles (en otras palabras, incluiría objetos existentes en otros mundos posibles). De otro lado, el alcance del segundo cuantificador existencial (expresado por ‘existe’) incluiría sólo los objetos de este mundo.

Si adoptáramos (**), la interpretación de (2) sería algo así: cuando en (2) decimos ‘Hay algo que no existe’, lo que estamos diciendo puede ser simbolizado así: \exists x\:\neg Ex (donde Ex = x existe). En otras palabras, mientras que el cuantificador existencial es ontológicamente neutro, la propiedad de la existencia es referida por un predicado de existencia. De adoptar esta alternativa, estaríamos yendo en contra de la tesis kantiana según la cual la existencia no es una propiedad o un predicado. Sin embargo, no creo que esto sea reprochable: cuando Kant rechazó esta alternativa (siglo XVIII), aún no se había desarrollado y sistematizado la semántica de los mundos posibles (1950s).

Marzo 30, 2008

Significado, Proposiciones y Explicación

¿Cuál es el propósito de una teoría del significado? La respuesta es inmediata: el propósito de una teoría del significado es el de determinar con rigurosidad y exactitud el significado de las expresiones lingüísticas de un lenguaje específico. Hasta aquí –confío– todos estamos de acuerdo. El desacuerdo comienza cuando respondemos la pregunta ‘¿Cómo se lleva a cabo este propósito?’ Según la semántica filosófica de mi preferencia, la respuesta –muy esquemáticamente– es la siguiente: la determinación del significado de un lenguaje L se logra por medio de la asignación sistemática de ciertas entidades a las expresiones lingüísticas de L. Estas entidades son llamadas el contenido semántico de dichas expresiones y se relacionan entre sí de maneras específicas formando proposiciones. Las proposiciones, a su vez, son el tipo de entidad que una teoría del significado le asigna a las oraciones de L. En otras palabras, el significado de una oración de L es la proposición que dicha oración expresa.

Obviamente, las cosas son mucho más complicadas que lo que esta breve respuesta describe. Sin embargo, creo que la descripción es fundamentalmente correcta. Como ya mencioné, no todos están de acuerdo con esta aproximación semántica. De todas las objeciones que se han formulado en contra de este programa filosófico, hay una que uno escucha con frecuencia en ciertos círculos. La objeción es más o menos la siguiente: ‘Explicar un fenómeno F consiste, entre otras cosas, en relacionar F con algún elemento E que nos es más claro que F. Sabemos muy bien qué son y cómo se comportan los elementos que conforman los lenguajes naturales. Sin embargo, no sabemos qué son exactamente las proposiciones: no sabemos si existen o no, no sabemos de qué están hechas, no sabemos qué es lo que mantiene unidos los elementos que las componen, etc. En breve, no sabemos cuáles son sus condiciones de identidad (para usar la jerga Quineana). Por lo tanto, una teoría que hace uso de proposiciones a fin de explicar el significado de las oraciones de un lenguaje L traiciona el propósito mismo de la explicación y, por ende, está condenada al fracaso.’

Creo que esta objeción es inadecuada. Estoy de acuerdo con que no sabemos qué son exactamente las proposiciones. A pesar de haber teorías interesantes sobre la naturaleza de las proposiciones, el desacuerdo permanece. No obstante, de esto no se sigue que una teoría del significado que haga uso de proposiciones esté condenada al fracaso. Creo que la objeción confunde dos problemas distintos que son independientes entre sí:

(1) El problema de la construcción efectiva de teorías formalmente correctas y empíricamente verificables que den cuenta del significado de las expresiones lingüísticas de L, y

(2) El problema metafísico del estatus ontológico de las proposiciones y del significado en general.

Creo que uno puede lograr avances importantes en (1) sin necesidad de resolver (2). El paralelo con las matemáticas es ilustrativo: uno no necesita tener una teoría filosófica sofisticada sobre el estatus ontológico de los números antes de probar teoremas importantes en aritmética. Los avances en matemáticas no dependen de la resolución del problema metafísico de la naturaleza de los números. De igual manera, el poder explicativo de una teoría del significado que emplea proposiciones no depende de la resolución del problema metafísico de la naturaleza de las proposiciones, sino de la universalidad de sus principios y de la exactitud de sus predicciones.

Febrero 17, 2008

El Sentido Común y la Filosofía

Uno de los argumentos más famosos de los últimos 38 años en la filosofía del lenguaje es el llamado Argumento Modal de Kripke. Lo que este argumento pretende mostrar es que las teorías descriptivistas (Frege, Russell, etc.) del significado de los nombres propios son falsas. De acuerdo con dichas teorías, el significado (contenido semántico) de un nombre propio (i) es dado por una descripción o un conjunto de descripciones que hablantes en distintos mundos posibles asocian con el referente del mismo, o (ii) es determinado semánticamente por una descripción o un conjunto de descripciones que los hablantes del mundo actual asocian con el referente del mismo. Por ejemplo, según las teorías descriptivistas en cuestión, el significado del nombre ‘Aristóteles’ es dado por descripciones tales como ‘el autor de la Ética a Nicómaco’, ‘el alumno más brillante de La Academia’, ‘el maestro más famoso de Alejandro Magno’, etc.

La idea central de Kripke es que si el significado de un nombre n fuese dado por alguna descripción D (o un conjunto de ellas), el reemplazo de D por n no afectaría el significado de la oración del que n es parte. Sin embargo, Kripke sostiene que dicho reemplazo modifica el perfil modal de la proposición expresada por la oración en cuestión y, por ende, el significado de la misma. Por ejemplo, supongamos que el descriptivista sostiene que el significado de ‘Aristóteles’ es ‘el alumno más brillante de La Academia’. Si el descriptivista estuviese en lo correcto, (1) y (2) expresarían la misma proposición verdadera:

(1) Necesariamente, si Aristóteles existió, Aristóteles fue Aristóteles.

(2) Necesariamente, si Aristóteles existió, Aristóteles fue el alumno más brillante de La Academia.

Sin embargo –Kripke sostiene– es obvio que no es así: mientras que la proposición expresada por (1) es trivialmente verdadera, la proposición expresada por (2) es claramente falsa. La proposición expresada por (2) es falsa, ya que, por ejemplo, es posible que Aristóteles nunca hubiese escuchado de La Academia o que se hubiese dedicado a cualquier otra cosa menos a la filosofía. En otras palabras, hay mundos posibles en los que Aristóteles fue un campesino de Estagira; hay otros en los que fue a La Academia pero no fue el alumno más brillante de su clase; hay otros en los que fue un alfarero mediocre; etc. No obstante, no existe un mundo posible en el que Aristóteles no fue Aristóteles. Por lo tanto, Kripke concluye que las teorías descriptivistas de los nombres propios son falsas y propone en su lugar que los nombres propios son designadores rígidos.

A pesar de estar de acuerdo con Kripke, creo que hay una preocupación metodológica de fondo que es legítima y que el Argumento Modal nos ilustra. Por un lado, es innegable que no basta con ser un hablante competente de un lenguaje L para entender, corroborar o rechazar explicaciones o tesis semánticas sobre L: la semántica es una empresa altamente teórica y las intuiciones lingüísticas de los hablantes de L no son confiables desde un punto de vista semántico. De otro lado, lo que uno normalmente somete a prueba cuando uno quiere ver si una hipótesis semántica H es verdadera son, entre otras cosas, las predicciones que dicha tesis genera. Si las predicciones en cuestión no concuerdan con las intuiciones lingüísticas de la mayoría de hablantes competentes de L, entonces –a falta de una explicación sólida de por qué sucede esto uno debería rechazar o por lo menos dudar de la verdad de H.

En el Argumento Modal, Kripke apela a nuestras intuiciones sobre el perfil modal de la proposición expresada por (2) a fin de rechazar una tesis semántica. Pero, ¿por qué deberíamos darle más crédito a nuestras intuiciones que a la tesis descriptivista? Este caso es particularmente difícil ya que Kripke apela a intuiciones sobre las nociones técnicas de necesidad y posibilidad. El hablante competente promedio del Castellano (y, me atrevería a apostar, de la mayoría de lenguajes naturales) usa estas nociones de manera sustancialmente diferente al uso reglamentado del filósofo y el lógico. Éste sería un problema grave si el único argumento en contra del descriptivismo fuese el Argumento Modal. Felizmente hay muchos otros. Sin embargo, esta tensión entre lo que se suele llamar el sentido común (o en este caso ‘intuiciones’) y la filosofía reaparece con frecuencia en distintas áreas de la investigación filosófica y uno se ve muchas veces en el problema de decidir cuánto peso se le debería asignar al mismo. Éste es, sin duda, un problema difícil.

Febrero 8, 2008

¿Qué fue lo que dijo Zuleika?

Archivado en: Filosofía del Lenguaje — Eduardo Villanueva Chigne @ 2:33 pm
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Esta es una verdad obvia: si yo tengo 10 lápices en mi escritorio, puedo inferir que tengo 1 lápiz en mi escritorio. Por lo tanto, si alguien me pregunta “¿Tienes un lápiz?” y yo respondo “Sí”, estoy diciendo algo verdadero. Ahora, supongamos que en una reunión conoces a Zuleika y entablas una conversación con ella. En medio de la conversación, Zuleika menciona algo sobre su hijo. Supongamos que no imaginabas que Zuleika fuese madre (quizás porque se le ve muy joven, etc.) y le preguntas sorprendido “¿Tienes un hijo?”. Ella te responde “Sí, tengo un hijo”. Al día siguiente, conversando con un amigo sobre la reunión del día anterior y sobre la simpática Zuleika, te cuenta que él la conoce desde hace algunos años atrás. Es más, este amigo te cuenta que Zuleika no sólo tiene 1 hijo sino que tiene 10 hijos. ¿Concluirías que lo que Zuleika te dijo fue falso?

Supongamos que recuerdas que en medio de la conversación con Zuleika le preguntaste “¿Cuántos años tienes?” a lo que ella respondió “Tengo 20 años”. Supongamos que también le cuentas esto a tu amigo y él te dice extrañado que Zuleika tiene en realidad 40 años (tu amigo trabaja para la oficina de registros y sabe exactamente cuantos años tiene Zuleika). ¿Pensarías que lo que ella te dijo fue falso? Mucha gente tiene la intuición de que en ambos casos lo que Zuleika te dijo fue falso.

Ahora, compara estos casos con el caso con el que inicié este post: pasa una semana desde aquella reunión y decides ir a visitar a Zuleika (a pesar del “incidente” quieres darle el beneficio de la duda). Supongamos que luego de conversar un rato con ella le pides su número telefónico. Sacas un papel para apuntarlo y le preguntas “¿Tienes un lápiz?”. Ella responde “Sí, tengo un lápiz en mi escritorio” y te señala el camino hacia su estudio. Vas rápidamente hacia allá y encuentras que tiene 10 lápices encima de su escritorio. ¿Inferirías que lo que te dijo fue falso? Mucha gente tiene la intuición de que no sería razonable hacer esta inferencia. ¿Cómo se explican estas intuiciones aparentemente conflictivas? Se me ocurren dos alternativas:

Alternativa 1: Lo que dijo Zuleika en todas las ocasiones fue verdadero. Si hubo algún malentendido o apariencia de conflicto, no fue culpa de ella sino del intérprete.

Alternativa 2: Lo que ella dijo en los 2 primeros casos fue falso. Cuando ella dijo “Tengo un hijo” lo que realmente estaba diciendo era “Tengo exactamente un hijo”. Cuando dijo “Tengo 20 años” lo que realmente estaba diciendo era “Tengo 20 años en total” o “Tengo exactamente 20 años”. Sin embargo, en el tercer caso, lo que ella dijo fue verdadero. Cuando dijo “Tengo un lápiz en mi escritorio” lo que realmente estaba diciendo era “Tengo por lo menos un lápiz en mi escritorio”.

¿Qué alternativa explica mejor los hechos? Creo que ambas tienen ventajas y desventajas. La ventaja de la Alternativa 1 es que nos da una explicación uniforme y general del significado de oraciones de la forma ‘Tengo n Fes’ (donde ‘n’ es un numeral y ‘F’ un predicado). El problema de la Alternativa 1 es que va en contra de las intuiciones de quizás la mayoría de hablantes competentes: si A te dice que tiene 20 años y luego descubres que tiene el doble, lo normal es que infieras que A te mintió con respecto a su edad. La Alternativa 2, por su lado, tiene la ventaja de que está en concordancia con estas intuiciones. Sin embargo, el problema de la Alternativa 2 es que no nos ofrece una explicación uniforme y general del significado de oraciones de la forma ‘Tengo n Fes’.

Creo que el conflicto de intuiciones sobre los casos descritos se debe a la ambigüedad de la expresión ‘lo que dijo’. En un sentido, ‘lo que dijo’ refiere al significado de las palabras expresadas independientemente del contexto en el que fueron enunciadas y de las intenciones del hablante. En otro sentido, refiere a la información transmitida por medio de las palabras enunciadas, pero que va más allá del significado de las mismas. De estar en lo correcto, podemos decir que la Alternativa 1 se enfoca en el primer sentido, mientras que la Alternativa 2 en el segundo sentido. Esta es, obviamente, una respuesta muy rápida ya que presupone una compresión clara de lo que es el significado de una expresión. Sin embargo, el problema de la demarcación del significado es mucho más complicado de lo que uno quisiera.

Enero 20, 2008

¿Mundos Posibles en Proposiciones?

Acabo de terminar de releer el libro Complex Demonstratives de J. King. En este libro, King se propone desafiar la explicación semántica de los demostrativos complejos que él atribuye a la Teoría de la Referencia Directa. Los demostrativos complejos son expresiones tales como ‘ese libro’, ‘aquel profesor’, ‘aquel espía bebiendo un Martini’, ‘esa mujer’, etc. De acuerdo con la Teoría de la Referencia Directa, la contribución de los demostrativos complejos a las proposiciones de los que son parte son los individuos a los que refieren. Por ejemplo, la contribución del demostrativo complejo ‘aquel libro’ en la oración ‘Aquel libro es interesante’ es el libro mismo del que se está hablando. King sostiene que la Teoría de la Referencia Directa sólo explica ciertos usos de los demostrativos complejos pero que hay muchos usos de los mismos que no se ajustan a esta explicación. Uno de esos tipos de usos es el que llama “No Hablante No Demostración”. Por ejemplo, supongamos que en una clase sobre la prehistoria, el profesor dice:

1. Aquel homínido que descubrió cómo producir fuego fue un genio.

Evidentemente, el profesor no esta hablando de ningún homínido presente en su contexto físico ni tiene en mente uno en particular. El profesor está diciendo sobre quienquiera que haya sido el homínido que descubrió cómo producir fuego que fue un genio. Esto aparentemente va en contra de la explicación de la Teoría de la Referencia Directa, según la cual la contribución del demostrativo complejo ‘aquel homínido que descubrió cómo producir fuego’ a la proposición expresada por (1) es el individuo mismo que descubrió cómo producir fuego. Esta limitación de la Teoría de la Referencia Directa sería aún más obvia si, basados en (1), aseveramos la siguiente oración verdadera:

2. El profesor cree que aquel homínido que descubrió cómo producir fuego fue un genio.

Supongamos que en la realidad (o mejor dicho, en el mundo actual) el homínido que descubrió cómo producir fuego fue Homey. Si la Teoría de la Referencia Directa fuese correcta, (2) le estaría atribuyendo al profesor la creencia de que Homey fue un genio. No obstante, esta atribución es falsa: el profesor no tiene la menor idea acerca de quién fue exactamente el homínido que descubrió cómo producir fuego. Luego de discutir éste y muchos otros ejemplos, así como ofrecer abundante evidencia sintáctica, King concluye que la explicación que hace la Teoría de la Referencia Directa de los demostrativos complejos es errónea. Su tesis principal es que términos tales como ‘ese’ o ‘aquel’ en los demostrativos complejos son cuantificadores a la par de ‘para todo’ (cuantificador universal) o ‘existe’ (cuantificador existencial). Detalles aparte, el análisis de términos tales como ‘ese’ o ‘aquel’ en los demostrativos complejos que King propone es el siguiente:

(DC) ___ y ___ están únicamente ___ en un objeto x y x es ___.

Por ejemplo, supongamos que Sandra dice, señalando a un libro en particular (llamémoslo ‘β’): ‘Aquel libro es malo’. Supongamos que ella pronuncia estas palabras en el mundo w y en el tiempo t. De acuerdo con (DC), la proposición que Sandra está expresando es (DC*):

(DC*) La propiedad de ser libro y la propiedad de ser idéntico a β están únicamente simultáneamente instanciadas en w, t en un objeto x y x es una instancia de la propiedad de ser malo.

Nótese que la proposición (DC*) incluye el mundo posible w. Esta inclusión de un mundo posible en la proposición es muy problemática. La razón es la siguiente: dado que las creencias de Sandra en w, t sobre β no son esenciales para la existencia de Sandra en w, t, (3) es verdadera:

3. Sandra pudo haber creído que aquel libro [señalando a β] es bueno.

De acuerdo con el análisis que propone King, una de las interpretaciones (presumiblemente, la más adecuada) de (3) es (3*):

(3*) Posiblemente [[Sandra cree que [aquel libro: x][x es bueno]]

La proposición expresada por (3*) es verdadera en w si y sólo si hay otro mundo w* tal que en w* Sandra cree que aquel libro es bueno. Sin embargo, si el análisis de ‘aquel libro es bueno’ es idéntico a (DC*) excepto por la última parte (reemplazar ‘una instancia de la propiedad de ser malo’ por ‘una instancia de la propiedad de ser bueno’), (3*) será verdadera sólo si en w* Sandra tiene creencias sobre w. No obstante, nada en nuestro ejemplo sugiere que en w* Sandra tenga creencias sobre w. Por lo tanto, la propuesta de King tiene la indeseable consecuencia de que nuestra atribución de creencias a habitantes de otros mundos posibles sobre objetos que también existen en el mundo actual implica atribuirles creencias no sólo sobre dichos objetos, sino también sobre el mundo actual. Este resultado claramente socaba una parte importante de la propuesta central de Complex Demonstratives.

 

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