Según cierta aproximación semántica, el significado (contenido semántico) de una oración S es idéntico a sus condiciones de verdad (relativas al contexto de uso de S). Pero ¿qué son las condiciones de verdad de una oración S? La respuesta estándar es la siguiente: las condiciones de verdad de una oración S en un contexto C son el conjunto de circunstancias en las cuales S, tal y como es usada en C, es (sería) verdadera. En suma, la semántica en cuestión sostiene (T):
(T) El contenido semántico de una oración S es el conjunto de circunstancias en las cuales S es verdadera.
Por ejemplo, si yo te digo:
(1) Mis llaves están encima de mi escritorio,
el significado de (1) en el contexto en el que la enuncio es –según la semántica en discusión– el conjunto de circunstancias en las cuales mis llaves están encima de mi escritorio. Un corolario de esta aproximación es el siguiente:
(Cor) Saber el significado de una oración S es saber las condiciones de verdad de S.
En el ejemplo dado, lo que necesitas saber a fin de comprender mi enunciado (1) no es si lo que he dicho es verdadero o no, sino en qué circunstancias mi enunciado sería verdadero. Ahora, la pregunta obvia es ¿Qué son exactamente las circunstancias de las que estamos hablando? Dependiendo del autor, la respuesta varía. Los candidatos más comunes son: mundos metafísicamente posibles, mundos epistémicamente posibles, mundos lógicamente posibles y situaciones abstractas.
Creo que esta aproximación semántica es incorrecta. Aparte de tener problemas técnicos de consideración, creo que es problemática desde un punto de vista filosófico. Si bien creo que el conocido eslogan “el significado es el uso” es (literalmente) falso, sí creo que una teoría del significado debería ser capaz de ofrecer (o por lo menos permitir) una explicación natural del uso que agentes cognitivamente limitados como nosotros hacen del lenguaje. Es precisamente aquí donde creo que la semántica en cuestión falla.
Si el contenido semántico de S es el conjunto de circunstancias en las cuales S es verdadera (T) y, además, saber el significado de S es saber las condiciones de verdad de S (Cor), entonces se sigue que saber el significado de S es saber en qué circunstancias (mundos metafísicamente posibles, mundos epistémicamente posibles, mundos lógicamente posibles o situaciones abstractas) S es verdadera. ¡Pero esto requiere una capacidad cognitiva que excede largamente la de cualquier ser humano!
Por ejemplo, reconsidera (1). Para hacer más evidente el problema del que estoy hablando, imagina que nuestra noción de circunstancias es que éstas son el conjunto de mundos metafísicamente posibles en los que la oración (1) es verdadera. Los problemas con esta noción de contenido semántico son fundamentalmente dos: (i) el número de mundos metafísicamente posibles en los cuales (1) es verdadera es infinito, y (ii) los mundos metafísicamente posibles en los que (1) es verdadera son monstruosamente grandes: mi escritorio puede ser grande o chico, blanco o negro, etc.; mis llaves pueden estar al lado de un libro o debajo de una hoja de papel, juntas o separadas, etc.; el clima puede ser cálido o frio, húmedo o seco; el euro puede subir con respecto al dólar, zombie-Elvis puede ser el nuevo secretario general de la ONU, mis llaves las pudo haber hecho Jacques Derrida, etc., etc., etc. Cambia las circunstancias como quieras. Lo que importa es que en el mundo posible en cuestión mis llaves estén encima de mi escritorio. Ahora bien, si saber el significado de (1) implica saber todas estas combinaciones posibles, entonces el hablante promedio no sabe el significado de (1) ni, en general, de ninguna de las oraciones que usa. Sólo un hablante cuasi-omnisciente puede ser lingüísticamente competente. Este resultado es inaceptable. Incluso si elegimos circunstancias “más pequeñas” (por ejemplo, situaciones abstractas), esta noción de contenido semántico demanda demasiado poder cognitivo de los hablantes. Siempre que las circunstancias elegidas preserven los resultados de la aplicación iterativa de las operaciones lógicas básicas, muy rápidamente se convierten en inasibles para mentes finitas como las nuestras.
