Contenido y Carácter

Junio 20, 2008

Significado, Condiciones de Verdad y Cuasi-Omnisciencia

Según cierta aproximación semántica, el significado (contenido semántico) de una oración S es idéntico a sus condiciones de verdad (relativas al contexto de uso de S). Pero ¿qué son las condiciones de verdad de una oración S? La respuesta estándar es la siguiente: las condiciones de verdad de una oración S en un contexto C son el conjunto de circunstancias en las cuales S, tal y como es usada en C, es (sería) verdadera. En suma, la semántica en cuestión sostiene (T):

(T) El contenido semántico de una oración S es el conjunto de circunstancias en las cuales S es verdadera.

Por ejemplo, si yo te digo:

(1) Mis llaves están encima de mi escritorio,

el significado de (1) en el contexto en el que la enuncio es –según la semántica en discusión– el conjunto de circunstancias en las cuales mis llaves están encima de mi escritorio. Un corolario de esta aproximación es el siguiente:

(Cor) Saber el significado de una oración S es saber las condiciones de verdad de S.

En el ejemplo dado, lo que necesitas saber a fin de comprender mi enunciado (1) no es si lo que he dicho es verdadero o no, sino en qué circunstancias mi enunciado sería verdadero. Ahora, la pregunta obvia es ¿Qué son exactamente las circunstancias de las que estamos hablando? Dependiendo del autor, la respuesta varía. Los candidatos más comunes son: mundos metafísicamente posibles, mundos epistémicamente posibles, mundos lógicamente posibles y situaciones abstractas.

Creo que esta aproximación semántica es incorrecta. Aparte de tener problemas técnicos de consideración, creo que es problemática desde un punto de vista filosófico. Si bien creo que el conocido eslogan “el significado es el uso” es (literalmente) falso, sí creo que una teoría del significado debería ser capaz de ofrecer (o por lo menos permitir) una explicación natural del uso que agentes cognitivamente limitados como nosotros hacen del lenguaje. Es precisamente aquí donde creo que la semántica en cuestión falla.

Si el contenido semántico de S es el conjunto de circunstancias en las cuales S es verdadera (T) y, además, saber el significado de S es saber las condiciones de verdad de S (Cor), entonces se sigue que saber el significado de S es saber en qué circunstancias (mundos metafísicamente posibles, mundos epistémicamente posibles, mundos lógicamente posibles o situaciones abstractas) S es verdadera. ¡Pero esto requiere una capacidad cognitiva que excede largamente la de cualquier ser humano!

Por ejemplo, reconsidera (1). Para hacer más evidente el problema del que estoy hablando, imagina que nuestra noción de circunstancias es que éstas son el conjunto de mundos metafísicamente posibles en los que la oración (1) es verdadera. Los problemas con esta noción de contenido semántico son fundamentalmente dos: (i) el número de mundos metafísicamente posibles en los cuales (1) es verdadera es infinito, y (ii) los mundos metafísicamente posibles en los que (1) es verdadera son monstruosamente grandes: mi escritorio puede ser grande o chico, blanco o negro, etc.; mis llaves pueden estar al lado de un libro o debajo de una hoja de papel, juntas o separadas, etc.; el clima puede ser cálido o frio, húmedo o seco; el euro puede subir con respecto al dólar, zombie-Elvis puede ser el nuevo secretario general de la ONU, mis llaves las pudo haber hecho Jacques Derrida, etc., etc., etc. Cambia las circunstancias como quieras. Lo que importa es que en el mundo posible en cuestión mis llaves estén encima de mi escritorio. Ahora bien, si saber el significado de (1) implica saber todas estas combinaciones posibles, entonces el hablante promedio no sabe el significado de (1) ni, en general, de ninguna de las oraciones que usa. Sólo un hablante cuasi-omnisciente puede ser lingüísticamente competente. Este resultado es inaceptable. Incluso si elegimos circunstancias “más pequeñas” (por ejemplo, situaciones abstractas), esta noción de contenido semántico demanda demasiado poder cognitivo de los hablantes. Siempre que las circunstancias elegidas preserven los resultados de la aplicación iterativa de las operaciones lógicas básicas, muy rápidamente se convierten en inasibles para mentes finitas como las nuestras.

Mayo 17, 2008

Intuiciones Kripkeanas En Conflicto – Parte II

He estado terriblemente ocupado en los últimos días por la cantidad de trabajo que suele traer el fin del año académico. Ésta es la razón por la cual no he podido escribir nada nuevo en el blog últimamente. Sin embargo, hoy he decidido darme un respiro en medio de la tormenta e intentar abordar el problema planteado en el post anterior.

El problema es la inconsistencia de la conjunción de las siguientes tesis:

(DR) Un término t es un designador rígido de un objeto x si y sólo si (a) t designa x en todos los mundos posibles en los que x existe y (b) t nunca designa otro objeto en ningún mundo posible.

(M) El significado y el referente de un nombre propio son idénticos.

(T1) El contenido semántico de una oración S es la proposición que S expresa.

(T2) Lo que uno cree cuando cree lo que una oración S dice es que la proposición que S expresa es verdadera.

(F) Un hablante competente puede creer coherentemente que a = a y, al mismo tiempo, no creer que a = b (donde ‘a’ y ‘b’ son nombres propios, y por ende, designadores rígidos, que refieren al mismo objeto).

La tesis que muchos se inclinan a rechazar es (M). Sin embargo, creo que (M) es, si no verdadera, por lo menos plausible. Un argumento muy simple en favor de (M) es el siguiente (a fin de evitar mayores complicaciones excluyo de mi discusión expresiones que contengan indexicales y expresiones ambiguas):

(P1) El significado de una expresión E de un lenguaje L es aquello que permanece constante a través de los diversos usos que los hablantes de L puedan hacer de E en diferentes contextos.

(P2) Lo único que permanece constante a través de los diversos usos que los hablantes de L hacen de un nombre propio n en diferentes contextos es el referente de n.

(C1) El significado de n es su referente.

El contenido de (P1) me parece importante desde un punto de vista semántico. Es precisamente por el hecho de que los significados de las expresiones lingüísticas permanecen constantes que podemos entender y explicar oraciones de nuestro lenguaje que jamás hemos visto u oído antes. (P2) es una consecuencia plausible de los argumentos de Kripke en contra del descriptivismo. Digo plausible porque éstos no establecen contundentemente la verdad de (P2). Sin embargo, no conozco otra alternativa lo suficientemente sólida y convincente al respecto. En todo caso, mi intención no es la de defender (M) sino la de mostrar que uno no tiene que rechazar (M) para intentar darle una solución razonable al problema planteado.

Otra de las tesis que suele ser rechazada es (F). La razón es la siguiente: si aceptamos (M) y tanto ‘a’ como ‘b’ son nombres propios de un mismo objeto, entonces se sigue que ‘a’ y ‘b’ significan lo mismo. Si, además, (T1) y (T2) son verdaderas, entonces creer que a = a es lo mismo que creer que a = b. Por lo tanto, (F) es falsa. Éste es, muy brevemente, el razonamiento de muchos de los llamados Millianos (aquellos que defienden la verdad de (M)). El problema con este resultado es que es poco intuitivo. Para usar el ejemplo dado en el post anterior, el Milliano sostiene que (3) y (4) significan lo mismo:

(3) Eudoxo cree que Héspero es Héspero.

(4) Eudoxo cree que Héspero es Fósforo.

Sin embargo, intuitivamente, el contenido de la creencia de Eudoxo en (3) es a priori y trivial, mientras que en (4) no pareciera trivial. Así que no estoy convencido de que uno deba rechazar (F).

La tesis que creo que uno puede rechazar es (T2). Para mostrar esto quiero usar la distinción que introduce Scott Soames en Beyond Rigidity entre el contenido semántico de una oración S y lo que S asevera. Muy brevemente, la idea es la siguiente: locuciones de oraciones (no ambiguas y sin indexicales) frecuentemente resultan en aseveraciones de múltiples proposiciones. Qué proposiciones serán aseveradas por una locución de S dependerá de (i) el significado (contenido semántico) de S y (ii) los elementos relevantes del contexto en el que dicha locución ocurra.

Por ejemplo, supongamos que en una conferencia Claudia me pregunta “¿Quién es el que está hablando?” Yo respondo “El que está hablando es Saul Kripke”. Luego, Ricardo le pregunta a Claudia si sabe cómo se llama el que está hablando. Claudia responde “Eduardo me dijo que el nombre del que está hablando es ‘Saul Kripke’.” Intuitivamente lo que dijo Claudia es verdadero. Sin embargo yo nunca dije, sensu stricto, que el nombre del que estaba hablando era ‘Saul Kripke’. Soames explica este fenómeno así: el contenido semántico de ‘el que está hablando es Saul Kripke’ no es ‘el nombre del que está hablando es ‘Saul Kripke’’. Sin embargo, mi locución de la oración en cuestión en el contexto descrito asevera que el nombre del que está hablando es ‘Saul Kripke’.

Si la explicación dada es correcta, entonces podemos construir el siguiente argumento:

(P3) Lo que uno cree cuando acepta sincera y reflexivamente una oración S es lo que S dice.

(P4) Lo que una oración S dice en un contexto C no sólo es el contenido semántico de S, sino también lo que S asevera.

(C2) Lo que uno cree cuando acepta sincera y reflexivamente una oración S no sólo es el contenido semántico de S, sino también lo que S asevera.

Si (C2) es verdadera, entonces la proposición que S expresa (su contenido semántico) no es el único (y, en algunos casos, no es el) objeto de lo que uno cree cuando cree lo que una oración S dice. Por lo tanto, (T2) es falsa.

Abril 30, 2008

Intuiciones Kripkeanas En Conflicto

Los antiguos griegos creían erróneamente que el cuerpo celeste que veían al amanecer era distinto del cuerpo celeste que veían al anochecer. Al primero lo llamaron ‘Fósforo’ y al segundo lo llamaron ‘Héspero’. Sin embargo, luego se descubrió que ‘Héspero’ y ‘Fósforo’ referían al mismo cuerpo celeste, a saber, el planeta Venus. Hace poco más de treinta años, Saul Kripke dio tres famosas conferencias que fueron transcritas y publicadas bajo el nombre de ‘Naming and Necessity’. Una de las tesis que Kripke defendió en aquel entonces es que los nombres propios son designadores rígidos. ¿Qué es un designador rígido? La respuesta puede ser expresada de la siguiente manera:

(DR) Un término t es un designador rígido de un objeto x si y sólo si (a) t designa x en todos los mundos posibles en los que x existe y (b) t nunca designa otro objeto en ningún mundo posible.

Kripke usa la noción de designador rígido para refutar las teorías descriptivistas del significado de los nombres propios. Estas teorías sostienen (D1) o (D2):

(D1) El significado (contenido semántico) de un nombre propio es (o es determinado por) una descripción o un conjunto de descripciones que hablantes en distintos mundos posibles asocian con el referente del mismo.

(D2) El significado (contenido semántico) de un nombre propio es (o es determinado por) la descripción o conjunto de descripciones que los hablantes del mundo actual asocian con el referente del mismo.

Por lo tanto, es razonable inferir que Kripke aceptaría (M):

(M) El significado y el referente de un nombre propio son idénticos.

Agreguemos a esto las siguientes tesis semánticas generalmente aceptadas:

(T1) El contenido semántico de una oración S es la proposición que S expresa.

(T2) Lo que uno cree cuando cree lo que una oración S dice es que la proposición que S expresa es verdadera.

Teniendo esto en cuenta, considera las siguientes oraciones:

(1) Héspero es Héspero.

(2) Héspero es Fósforo.

Si la noción Kripkeana de designador rígido es correcta, entonces tanto (1) como (2) expresan verdades necesarias (en otras palabras, (1) y (2) son verdaderas en todos los mundos posibles en los que Venus existe). Sin embargo, Kripke asume que (1) y (2) son normalmente usadas para expresar diferentes cosas. Por ejemplo, si a un griego de la antigüedad (llamémoslo ‘Eudoxo’) le dices (1), él consideraría que no le has dicho nada nuevo. No obstante, si a Eudoxo le dices (2), él consideraría que lo que dices es falso o, si te cree, que estás diciendo algo sorprendentemente verdadero. Por lo tanto, Kripke parece asumir que las oraciones (3) y (4) pueden tener diferentes valores de verdad:

(3) Eudoxo cree que Héspero es Héspero.

(4) Eudoxo cree que Héspero es Fósforo.

En otras palabras, la intuición de fondo parece ser la siguiente:

(F) Un hablante competente puede creer coherentemente que a = a y, al mismo tiempo, no creer que a = b (donde ‘a’ y ‘b’ son nombres propios, y por ende, designadores rígidos, que refieren al mismo objeto).

Pero es claro que (F) contradice (DR), (M), (T1) y (T2). ¿Cómo resolver el conflicto? ¿Cuál de estas tesis [(F), (DR), (M), (T1) o (T2)] rechazarías? ¿Por qué?

Abril 18, 2008

Objetos Posibles – Parte II

En el post anterior formulé un problema sobre la noción de existencia en relación a los objetos posibles. Específicamente, el problema tiene que ver con la forma lógica de la oración (1) y sus consecuencias:

(1) C no existe, pero pudo haber existido.

En este post quiero aventurar dos posibles soluciones al problema. Empecemos por identificar a los sospechosos:

(a) La aseveración de que la oración (1) es verdadera.

(b) La deducción de (2) a partir de (1).

(c) La interpretación Russelliana (3) de (2).

Creo que el sospechoso (a) es inocente. No veo ninguna razón por la que uno rechazaría la afirmación de que (1) es verdadera, otra que simplemente la de impedir la contradicción en cuestión. En otras palabras, rechazar (a) es ad hoc. Es más, al rechazar (a) estaríamos renunciando a intuiciones modales (intuiciones sobre lo posible y lo necesario) sólidamente justificadas y sistematizadas en la lógica modal.

El sospechoso (b) también me parece inocente. La razón es simple: la deducción de (2) a partir de (1) es el resultado de la aplicación de una regla lógica (Generalización Existencial). Por lo tanto, rechazar (b) implicaría sostener que una regla de la lógica clásica es inválida. Considero que rechazar la generalización existencial, en este caso específico, es –para ponerlo en términos ajedrecísticos– “sacrificar la dama”. A pesar de que dicho sacrificio podría ser aconsejable en algunos casos, no creo que el nuestro lo amerite.

Por lo tanto, tiendo a pensar que (c) es el culpable. ¿Cómo solucionar, entonces, el problema? Dos posibilidades vienen a la mente:

(*) Permitir dos cuantificadores existenciales distintos: uno que simbolice el ‘existe’ y otro que simbolice el ‘hay’.

(**) Entender la existencia como una propiedad: la propiedad que todos los objetos existentes, y sólo ellos, instancian.

Si adoptáramos (*), la interpretación de (2) sería algo así: cuando en (2) decimos ‘Hay algo que no existe’, el alcance del primer cuantificador existencial (expresado por ‘hay’) incluiría no sólo los objetos existentes en este mundo, sino también los objetos posibles (en otras palabras, incluiría objetos existentes en otros mundos posibles). De otro lado, el alcance del segundo cuantificador existencial (expresado por ‘existe’) incluiría sólo los objetos de este mundo.

Si adoptáramos (**), la interpretación de (2) sería algo así: cuando en (2) decimos ‘Hay algo que no existe’, lo que estamos diciendo puede ser simbolizado así: \exists x\:\neg Ex (donde Ex = x existe). En otras palabras, mientras que el cuantificador existencial es ontológicamente neutro, la propiedad de la existencia es referida por un predicado de existencia. De adoptar esta alternativa, estaríamos yendo en contra de la tesis kantiana según la cual la existencia no es una propiedad o un predicado. Sin embargo, no creo que esto sea reprochable: cuando Kant rechazó esta alternativa (siglo XVIII), aún no se había desarrollado y sistematizado la semántica de los mundos posibles (1950s).

Febrero 17, 2008

El Sentido Común y la Filosofía

Uno de los argumentos más famosos de los últimos 38 años en la filosofía del lenguaje es el llamado Argumento Modal de Kripke. Lo que este argumento pretende mostrar es que las teorías descriptivistas (Frege, Russell, etc.) del significado de los nombres propios son falsas. De acuerdo con dichas teorías, el significado (contenido semántico) de un nombre propio (i) es dado por una descripción o un conjunto de descripciones que hablantes en distintos mundos posibles asocian con el referente del mismo, o (ii) es determinado semánticamente por una descripción o un conjunto de descripciones que los hablantes del mundo actual asocian con el referente del mismo. Por ejemplo, según las teorías descriptivistas en cuestión, el significado del nombre ‘Aristóteles’ es dado por descripciones tales como ‘el autor de la Ética a Nicómaco’, ‘el alumno más brillante de La Academia’, ‘el maestro más famoso de Alejandro Magno’, etc.

La idea central de Kripke es que si el significado de un nombre n fuese dado por alguna descripción D (o un conjunto de ellas), el reemplazo de D por n no afectaría el significado de la oración del que n es parte. Sin embargo, Kripke sostiene que dicho reemplazo modifica el perfil modal de la proposición expresada por la oración en cuestión y, por ende, el significado de la misma. Por ejemplo, supongamos que el descriptivista sostiene que el significado de ‘Aristóteles’ es ‘el alumno más brillante de La Academia’. Si el descriptivista estuviese en lo correcto, (1) y (2) expresarían la misma proposición verdadera:

(1) Necesariamente, si Aristóteles existió, Aristóteles fue Aristóteles.

(2) Necesariamente, si Aristóteles existió, Aristóteles fue el alumno más brillante de La Academia.

Sin embargo –Kripke sostiene– es obvio que no es así: mientras que la proposición expresada por (1) es trivialmente verdadera, la proposición expresada por (2) es claramente falsa. La proposición expresada por (2) es falsa, ya que, por ejemplo, es posible que Aristóteles nunca hubiese escuchado de La Academia o que se hubiese dedicado a cualquier otra cosa menos a la filosofía. En otras palabras, hay mundos posibles en los que Aristóteles fue un campesino de Estagira; hay otros en los que fue a La Academia pero no fue el alumno más brillante de su clase; hay otros en los que fue un alfarero mediocre; etc. No obstante, no existe un mundo posible en el que Aristóteles no fue Aristóteles. Por lo tanto, Kripke concluye que las teorías descriptivistas de los nombres propios son falsas y propone en su lugar que los nombres propios son designadores rígidos.

A pesar de estar de acuerdo con Kripke, creo que hay una preocupación metodológica de fondo que es legítima y que el Argumento Modal nos ilustra. Por un lado, es innegable que no basta con ser un hablante competente de un lenguaje L para entender, corroborar o rechazar explicaciones o tesis semánticas sobre L: la semántica es una empresa altamente teórica y las intuiciones lingüísticas de los hablantes de L no son confiables desde un punto de vista semántico. De otro lado, lo que uno normalmente somete a prueba cuando uno quiere ver si una hipótesis semántica H es verdadera son, entre otras cosas, las predicciones que dicha tesis genera. Si las predicciones en cuestión no concuerdan con las intuiciones lingüísticas de la mayoría de hablantes competentes de L, entonces –a falta de una explicación sólida de por qué sucede esto uno debería rechazar o por lo menos dudar de la verdad de H.

En el Argumento Modal, Kripke apela a nuestras intuiciones sobre el perfil modal de la proposición expresada por (2) a fin de rechazar una tesis semántica. Pero, ¿por qué deberíamos darle más crédito a nuestras intuiciones que a la tesis descriptivista? Este caso es particularmente difícil ya que Kripke apela a intuiciones sobre las nociones técnicas de necesidad y posibilidad. El hablante competente promedio del Castellano (y, me atrevería a apostar, de la mayoría de lenguajes naturales) usa estas nociones de manera sustancialmente diferente al uso reglamentado del filósofo y el lógico. Éste sería un problema grave si el único argumento en contra del descriptivismo fuese el Argumento Modal. Felizmente hay muchos otros. Sin embargo, esta tensión entre lo que se suele llamar el sentido común (o en este caso ‘intuiciones’) y la filosofía reaparece con frecuencia en distintas áreas de la investigación filosófica y uno se ve muchas veces en el problema de decidir cuánto peso se le debería asignar al mismo. Éste es, sin duda, un problema difícil.

Enero 20, 2008

¿Mundos Posibles en Proposiciones?

Acabo de terminar de releer el libro Complex Demonstratives de J. King. En este libro, King se propone desafiar la explicación semántica de los demostrativos complejos que él atribuye a la Teoría de la Referencia Directa. Los demostrativos complejos son expresiones tales como ‘ese libro’, ‘aquel profesor’, ‘aquel espía bebiendo un Martini’, ‘esa mujer’, etc. De acuerdo con la Teoría de la Referencia Directa, la contribución de los demostrativos complejos a las proposiciones de los que son parte son los individuos a los que refieren. Por ejemplo, la contribución del demostrativo complejo ‘aquel libro’ en la oración ‘Aquel libro es interesante’ es el libro mismo del que se está hablando. King sostiene que la Teoría de la Referencia Directa sólo explica ciertos usos de los demostrativos complejos pero que hay muchos usos de los mismos que no se ajustan a esta explicación. Uno de esos tipos de usos es el que llama “No Hablante No Demostración”. Por ejemplo, supongamos que en una clase sobre la prehistoria, el profesor dice:

1. Aquel homínido que descubrió cómo producir fuego fue un genio.

Evidentemente, el profesor no esta hablando de ningún homínido presente en su contexto físico ni tiene en mente uno en particular. El profesor está diciendo sobre quienquiera que haya sido el homínido que descubrió cómo producir fuego que fue un genio. Esto aparentemente va en contra de la explicación de la Teoría de la Referencia Directa, según la cual la contribución del demostrativo complejo ‘aquel homínido que descubrió cómo producir fuego’ a la proposición expresada por (1) es el individuo mismo que descubrió cómo producir fuego. Esta limitación de la Teoría de la Referencia Directa sería aún más obvia si, basados en (1), aseveramos la siguiente oración verdadera:

2. El profesor cree que aquel homínido que descubrió cómo producir fuego fue un genio.

Supongamos que en la realidad (o mejor dicho, en el mundo actual) el homínido que descubrió cómo producir fuego fue Homey. Si la Teoría de la Referencia Directa fuese correcta, (2) le estaría atribuyendo al profesor la creencia de que Homey fue un genio. No obstante, esta atribución es falsa: el profesor no tiene la menor idea acerca de quién fue exactamente el homínido que descubrió cómo producir fuego. Luego de discutir éste y muchos otros ejemplos, así como ofrecer abundante evidencia sintáctica, King concluye que la explicación que hace la Teoría de la Referencia Directa de los demostrativos complejos es errónea. Su tesis principal es que términos tales como ‘ese’ o ‘aquel’ en los demostrativos complejos son cuantificadores a la par de ‘para todo’ (cuantificador universal) o ‘existe’ (cuantificador existencial). Detalles aparte, el análisis de términos tales como ‘ese’ o ‘aquel’ en los demostrativos complejos que King propone es el siguiente:

(DC) ___ y ___ están únicamente ___ en un objeto x y x es ___.

Por ejemplo, supongamos que Sandra dice, señalando a un libro en particular (llamémoslo ‘β’): ‘Aquel libro es malo’. Supongamos que ella pronuncia estas palabras en el mundo w y en el tiempo t. De acuerdo con (DC), la proposición que Sandra está expresando es (DC*):

(DC*) La propiedad de ser libro y la propiedad de ser idéntico a β están únicamente simultáneamente instanciadas en w, t en un objeto x y x es una instancia de la propiedad de ser malo.

Nótese que la proposición (DC*) incluye el mundo posible w. Esta inclusión de un mundo posible en la proposición es muy problemática. La razón es la siguiente: dado que las creencias de Sandra en w, t sobre β no son esenciales para la existencia de Sandra en w, t, (3) es verdadera:

3. Sandra pudo haber creído que aquel libro [señalando a β] es bueno.

De acuerdo con el análisis que propone King, una de las interpretaciones (presumiblemente, la más adecuada) de (3) es (3*):

(3*) Posiblemente [[Sandra cree que [aquel libro: x][x es bueno]]

La proposición expresada por (3*) es verdadera en w si y sólo si hay otro mundo w* tal que en w* Sandra cree que aquel libro es bueno. Sin embargo, si el análisis de ‘aquel libro es bueno’ es idéntico a (DC*) excepto por la última parte (reemplazar ‘una instancia de la propiedad de ser malo’ por ‘una instancia de la propiedad de ser bueno’), (3*) será verdadera sólo si en w* Sandra tiene creencias sobre w. No obstante, nada en nuestro ejemplo sugiere que en w* Sandra tenga creencias sobre w. Por lo tanto, la propuesta de King tiene la indeseable consecuencia de que nuestra atribución de creencias a habitantes de otros mundos posibles sobre objetos que también existen en el mundo actual implica atribuirles creencias no sólo sobre dichos objetos, sino también sobre el mundo actual. Este resultado claramente socaba una parte importante de la propuesta central de Complex Demonstratives.

 

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