Contenido y Carácter

Mayo 22, 2009

¿Significan los Nombres Propios?

Estoy participando en un seminario dictado por David Kaplan sobre su artículo “Words”. Como todos los artículos de Kaplan, éste está repleto de ideas sorprendentes, observaciones agudas, argumentos novedosos y buen sentido del humor. Entre las ideas que sugirió Kaplan ayer, una me sorprendió muchísimo. La idea es la siguiente: Quizás los nombres propios carezcan de significado. Esta idea posiblemente no sorprenda a la mayoría de mortales y con toda razón. Sin embargo, luego de infinitos debates en la filosofía del lenguaje, sobre todo después de Naming and Necessity, la idea –viniendo de Kaplan– sorprende, por decir lo menos. [Kaplan no defendió la idea como suya, sino sólo la mencionó como una alternativa a considerar.]

El tema de discusión era la semántica de los nombres propios. Kaplan distingue entre lo que él llama ‘nombres comunes’ (common currency names) y ‘nombres genéricos’ (generic names). De acuerdo con esta distinción, ‘Aristóteles’ es el nombre genérico tanto del filósofo griego como del magnate griego (Onassis). Sin embargo, el nombre del filósofo y el del magnate son dos nombres comunes distintos. Así, mientras que el nombre genérico ‘Aristóteles’ es uno sólo, hay tantos nombres comunes ‘Aristóteles’ como individuos llamados ‘Aristóteles’ [asumamos, para no complicar más las cosas, que el nombre del filósofo y el del magnate se escriben y pronuncian tal y como lo escribimos y pronunciamos en castellano].

Kaplan sostiene que los nombres genéricos no nombran, no tienen referencia. De hecho, no son nombres propios en sentido estricto y, por lo tanto, no son objeto de estudio de la semántica de los nombres propios o de la lógica. Los nombres que nos interesan en semántica y lógica son los nombres comunes.

Esta manera de distinguir los nombres propios no debe ser confundida con la diferencia tipo/caso (type/token). Por ejemplo, considera la siguiente oración:

(1) Aristóteles fue el maestro de Alejandro Magno y Aristóteles fue el alumno más brillante de Platón.

La oración (1) presenta dos casos (tokens) del nombre común ‘Aristóteles’ (que es uno sólo). Hasta aquí, todo parece ir bien. Sin embargo, ahora considera la siguiente oración:

(2) Aristóteles fue el maestro de Alejandro Magno y Aristóteles se casó con Jacqueline Kennedy.

¿Es la oración (2) verdadera o falsa? Una respuesta en la línea de Kaplan sería: “Depende. Si los dos ‘Aristóteles’ son casos (tokens) de un sólo nombre común, (2) es falsa. Sin embargo, si el primer ‘Aristóteles’ es un caso (token) del nombre común del filósofo y el segundo ‘Aristóteles’ es un caso (token) del nombre común del magnate, (2) es verdadera.” Este mismo razonamiento se aplicaría a (3):

(3) Aristóteles fue el maestro de Alejandro Magno y Aristóteles no fue el maestro de Alejandro Magno.

La oración (3) es contradictoria si y sólo si los dos ‘Aristóteles’ son casos (tokens) de un sólo nombre común. Pero entonces, ¿deberíamos decir que (2) y (3) son ambiguas? De acuerdo con el Millianismo (i.e., la tesis según la cual el significado de un nombre propio es idéntico a su referente), la respuesta pareciera ser “sí”. No obstante, si ésta fuera nuestra respuesta, tendríamos que decir lo mismo de (1), ya que los dos ‘Aristóteles’ podrían ser casos (tokens) de un sólo nombre común, o ser casos (tokens) de dos nombres comunes respectivamente. Pero si esto es así, se sigue que toda oración que contenga ‘Aristóteles’ es ambigua. Peor aún; toda oración que contenga un nombre propio cualquiera (ejm. ‘Juan’, ‘Eduardo’, ‘Rosa’) sería ambigua.

Este resultado es extraño. Es aquí donde la sorpresiva sugerencia de Kaplan adquiere relevancia: “Quizás los nombres propios, como los indexicales, carezcan de significado y sólo tengan reglas de uso.” Claro, si los nombres propios carecen de significado y la ambigüedad es una propiedad de ciertas expresiones con respecto a su significado, se sigue que los nombres propios no son ambiguos. Pero la solución propuesta es doblemente sorprendente: (1) ¡los nombres propios carecen de significado! (2) ¡los indexicales carecen de significado!

En “Demonstratives” Kaplan desarrolla un sistema lógico para lenguajes que contengan indexicales. Allí él sostiene que los indexicales tienen dos tipos de significado: el contenido y el carácter (¿suena familiar?). No voy a entrar en detalles (aquí explico un poco más el tema). Según esta teoría, el carácter de un indexical tal como ‘yo’ es aquello que todo hablante competente tiene que aprender y, por lo tanto, es aquello que comúnmente se considera como el significado de ‘yo’. [De hecho, es el carácter de ‘yo’ lo que un diccionario registra en la entrada para ‘yo’].

Sin embargo, en su conferencia The Meaning of ‘Ouch’ and ‘Oops’ (aquí), Kaplan sugiere que el carácter de ‘yo’ no captura su significado sino su regla de uso. Mas aún, Kaplan sugiere que los indexicales como ‘yo’ u ‘hoy’ se parecen más a ‘hola’ o ‘chao’ que a ‘soltero’ o ‘televisor’; una semántica adecuada para estas expresiones lingüísticas (‘hola’ o ‘chao’) no debería concentrarse en su significado (no tienen) sino en sus reglas de uso.[Para usar competentemente ‘hola’ sólo tienes que saber en qué circunstancias se usa correctamente]. Similarmente, Kaplan sugirió que quizás ésta sea la mejor manera de entender los nombres propios; como carentes de significado pero con reglas de uso.

Esta sugerencia me resulta muy problemática ya que si fuera cierto que los nombres propios carecieran de significado, toda oración declarativa que contenga un nombre propio carecería de valor de verdad o no expresaría una proposición o expresaría una proposición hueca (gappy proposition). Ninguno de estos resultados me parece correcto.

Yo más bien creo que la confusión se debe a la noción de significado. En un sentido coloquial de ‘significado’, es cierto que ‘yo’ u ‘hoy’ carecen de él; lo que aprendemos cuando aprendemos a usarlos correctamente son sus reglas de uso. Sin embargo, en un sentido teórico el significado de una expresión e es la contribución que e hace a las proposiciones que las oraciones que contienen a e expresan. En ese sentido, los indexicales y los nombres propios tienen significado. Es este sentido técnico de ‘significado’ el que nos interesa cuando estudiamos semántica formal y lógica. No creo que Kaplan esté en desacuerdo conmigo en esto. ¿O sí?

Julio 7, 2008

Generalización Existencial, Oraciones y Proposiciones

Considera la siguiente objeción en contra del Millianismo:

(P1) Los antiguos creían que ‘Héspero’ refería a Héspero y ‘Fósforo’ refería a Fósforo.

(P2) ‘Héspero’ y ‘Fósforo’ son co-referenciales. [Ambos refieren a Venus]

(P3) El significado de un nombre propio es su referente. [Millianismo]

(C1) ‘Héspero’ y ‘Fósforo’ significan lo mismo. [P2 y P3]

(C2) Los antiguos creían que ‘Héspero’ refería a Héspero y ‘Fósforo’ refería a Héspero. [P1 y C1 por Sustitución de Sinónimos]

(C3) Los antiguos creían que \existsx [‘Héspero’ refería a x y ‘Fósforo’ refería a x]. [Generalización Existencial en el complemento de C2]

Sin embargo –la objeción continúa– (C3) es evidentemente falsa: los antiguos no creían que ‘Héspero’ y ‘Fósforo’ eran co-referenciales. Dado que (P1) y (P2) son indiscutiblemente verdaderas, la tesis Milliana (P3) tiene que ser falsa. [Fin de la objeción].

Creo que esta objeción fracasa. La razón es la siguiente. Considera las siguientes oraciones:

(a) ‘Héspero’ refiere a Héspero y ‘Fósforo’ refiere a Fósforo.

(b) ‘Héspero’ refiere a Héspero y ‘Fósforo’ refiere a Héspero.

Según el Millianismo, (a) y (b) expresan la misma proposición p. Ahora considera (c),

(c) \existsx [‘Héspero’ refiere a x y ‘Fósforo’ refiere a x]

Claramente, (c) se sigue de (b) por Generalización Existencial, pero no de (a).

De otro lado, hay muchas maneras de creer que p. Entre ellas podemos mencionar dos: (i) uno puede creer que p en virtud de la aceptación sincera y reflexiva de la oración (a) y (ii) uno puede creer que p en virtud de la aceptación sincera y reflexiva de la oración (b). Si uno cree que p en virtud de la aceptación sincera y reflexiva de (b), entonces se sigue que uno cree que \existsx [‘Héspero’ refiere a x y ‘Fósforo’ refiere a x]. Sin embargo, si uno cree que p en virtud de la aceptación sincera y reflexiva de (a), la Generalización Existencial de lo que uno cree (i.e. (c)) no se sigue. Puesto que es razonable pensar que los antiguos aceptarían (a) pero rechazarían (b), (C3) no se sigue de (C2).

Moraleja: La Generalización Existencial es una regla que se aplica a oraciones, no a proposiciones.

Mayo 17, 2008

Intuiciones Kripkeanas En Conflicto – Parte II

He estado terriblemente ocupado en los últimos días por la cantidad de trabajo que suele traer el fin del año académico. Ésta es la razón por la cual no he podido escribir nada nuevo en el blog últimamente. Sin embargo, hoy he decidido darme un respiro en medio de la tormenta e intentar abordar el problema planteado en el post anterior.

El problema es la inconsistencia de la conjunción de las siguientes tesis:

(DR) Un término t es un designador rígido de un objeto x si y sólo si (a) t designa x en todos los mundos posibles en los que x existe y (b) t nunca designa otro objeto en ningún mundo posible.

(M) El significado y el referente de un nombre propio son idénticos.

(T1) El contenido semántico de una oración S es la proposición que S expresa.

(T2) Lo que uno cree cuando cree lo que una oración S dice es que la proposición que S expresa es verdadera.

(F) Un hablante competente puede creer coherentemente que a = a y, al mismo tiempo, no creer que a = b (donde ‘a’ y ‘b’ son nombres propios, y por ende, designadores rígidos, que refieren al mismo objeto).

La tesis que muchos se inclinan a rechazar es (M). Sin embargo, creo que (M) es, si no verdadera, por lo menos plausible. Un argumento muy simple en favor de (M) es el siguiente (a fin de evitar mayores complicaciones excluyo de mi discusión expresiones que contengan indexicales y expresiones ambiguas):

(P1) El significado de una expresión E de un lenguaje L es aquello que permanece constante a través de los diversos usos que los hablantes de L puedan hacer de E en diferentes contextos.

(P2) Lo único que permanece constante a través de los diversos usos que los hablantes de L hacen de un nombre propio n en diferentes contextos es el referente de n.

(C1) El significado de n es su referente.

El contenido de (P1) me parece importante desde un punto de vista semántico. Es precisamente por el hecho de que los significados de las expresiones lingüísticas permanecen constantes que podemos entender y explicar oraciones de nuestro lenguaje que jamás hemos visto u oído antes. (P2) es una consecuencia plausible de los argumentos de Kripke en contra del descriptivismo. Digo plausible porque éstos no establecen contundentemente la verdad de (P2). Sin embargo, no conozco otra alternativa lo suficientemente sólida y convincente al respecto. En todo caso, mi intención no es la de defender (M) sino la de mostrar que uno no tiene que rechazar (M) para intentar darle una solución razonable al problema planteado.

Otra de las tesis que suele ser rechazada es (F). La razón es la siguiente: si aceptamos (M) y tanto ‘a’ como ‘b’ son nombres propios de un mismo objeto, entonces se sigue que ‘a’ y ‘b’ significan lo mismo. Si, además, (T1) y (T2) son verdaderas, entonces creer que a = a es lo mismo que creer que a = b. Por lo tanto, (F) es falsa. Éste es, muy brevemente, el razonamiento de muchos de los llamados Millianos (aquellos que defienden la verdad de (M)). El problema con este resultado es que es poco intuitivo. Para usar el ejemplo dado en el post anterior, el Milliano sostiene que (3) y (4) significan lo mismo:

(3) Eudoxo cree que Héspero es Héspero.

(4) Eudoxo cree que Héspero es Fósforo.

Sin embargo, intuitivamente, el contenido de la creencia de Eudoxo en (3) es a priori y trivial, mientras que en (4) no pareciera trivial. Así que no estoy convencido de que uno deba rechazar (F).

La tesis que creo que uno puede rechazar es (T2). Para mostrar esto quiero usar la distinción que introduce Scott Soames en Beyond Rigidity entre el contenido semántico de una oración S y lo que S asevera. Muy brevemente, la idea es la siguiente: locuciones de oraciones (no ambiguas y sin indexicales) frecuentemente resultan en aseveraciones de múltiples proposiciones. Qué proposiciones serán aseveradas por una locución de S dependerá de (i) el significado (contenido semántico) de S y (ii) los elementos relevantes del contexto en el que dicha locución ocurra.

Por ejemplo, supongamos que en una conferencia Claudia me pregunta “¿Quién es el que está hablando?” Yo respondo “El que está hablando es Saul Kripke”. Luego, Ricardo le pregunta a Claudia si sabe cómo se llama el que está hablando. Claudia responde “Eduardo me dijo que el nombre del que está hablando es ‘Saul Kripke’.” Intuitivamente lo que dijo Claudia es verdadero. Sin embargo yo nunca dije, sensu stricto, que el nombre del que estaba hablando era ‘Saul Kripke’. Soames explica este fenómeno así: el contenido semántico de ‘el que está hablando es Saul Kripke’ no es ‘el nombre del que está hablando es ‘Saul Kripke’’. Sin embargo, mi locución de la oración en cuestión en el contexto descrito asevera que el nombre del que está hablando es ‘Saul Kripke’.

Si la explicación dada es correcta, entonces podemos construir el siguiente argumento:

(P3) Lo que uno cree cuando acepta sincera y reflexivamente una oración S es lo que S dice.

(P4) Lo que una oración S dice en un contexto C no sólo es el contenido semántico de S, sino también lo que S asevera.

(C2) Lo que uno cree cuando acepta sincera y reflexivamente una oración S no sólo es el contenido semántico de S, sino también lo que S asevera.

Si (C2) es verdadera, entonces la proposición que S expresa (su contenido semántico) no es el único (y, en algunos casos, no es el) objeto de lo que uno cree cuando cree lo que una oración S dice. Por lo tanto, (T2) es falsa.

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