Contenido y Carácter

Julio 24, 2009

Los Dos Kaplan

La influencia del artículo “Demonstratives” de David Kaplan en el desarrollo de la semántica contemporánea ha sido y sigue siendo enorme. En él, Kaplan consiguió hacer lo que Frege (nada menos) intentó sin éxito hacer y que tanto Tarski como Quine sospechaban que no se podría hacer: elaborar una semántica formal adecuada para un lenguaje con expresiones indexicales.

Sin embargo, a pesar de sus indiscutibles méritos, “Demonstratives” contiene una tensión fundamental que ha causado y sigue causando confusión en sus lectores. A mi entender, esta tensión es producto de dos tipos de proyectos potencialmente conflictivos: de un lado tenemos el proyecto del Kaplan-lógico y del otro el proyecto del Kaplan-filósofo.

El proyecto del Kaplan-lógico es el de elaborar un sistema formal, es decir, el de construir un lenguaje formal con expresiones modales e indexicales y formular una semántica veritativo-condicional para el mismo. De otro lado, el proyecto del Kaplan-filósofo es el de hacer uso del sistema formal del Kaplan-lógico a fin de proponer una teoría del significado para el lenguaje natural (en particular, la lengua inglesa).

En general, a fin de lograr su propósito, una teoría del significado para un lenguaje L debe asignar valores semánticos a las expresiones de L. Ambos, el Kaplan-lógico y el Kaplan-filósofo, ven al valor semántico de una oración declarativa S en un contexto C como compuesto de dos elementos: el contenido y el carácter. Para el Kaplan-lógico, tanto el contenido como el carácter de S en C son funciones, f: mientras que el contenido de S en C es una función de las circunstancias de evaluación a las condiciones de verdad de S en C, su carácter es una función del contexto de uso a dicho contenido. En general:

(a1) Contenido: Circunstancias \rightarrow Extensiones

(b1) Carácter: Contextos \rightarrow Contenidos

Esto no es así para el Kaplan-filósofo. Para este último, el contenido de S en C es la proposición estructurada que S expresa en C y el carácter de S en C es una función del contexto de uso a dicha proposición estructurada. Por lo tanto:

(a2) Contenido de S en C: Proposición Estructurada

(b2) Carácter de S en C: Contextos \rightarrow Proposición Estructurada

¿A qué se debe esta discrepancia?

David Lewis en su “Index, Context, and Content” (el cual he releído motivado por un interesante seminario de Dilip Ninan durante el Arché Summer School), nos da elementos que nos permiten tentar una respuesta. Según Lewis, son dos los roles que el valor semántico de una oración tiene que cumplir:

(I) Tiene que comportarse de acuerdo con el Principio de Composicionalidad [“El significado de una oración es una función del significado de sus partes y de la forma como éstas están combinadas sintácticamente”], y

(II) Tiene que determinar las condiciones de verdad de S.

A fin de cumplir el primer rol, el Kaplan-lógico sigue a Frege en construir significados no-saturados como funciones y hace uso de la, por entonces, novedosa técnica del Índice Doble: mientras que el primer índice (el contexto de uso) provee de extensiones a las expresiones del lenguaje sensibles al contexto (‘yo’, ‘hoy’, ‘aquí’, etc.), el segundo índice (las circunstancias de evaluación) hace lo propio con los operadores modales (‘necesariamente’, ‘posiblemente’, etc.), temporales (‘en el futuro’, ‘en el pasado’, etc.) e indéxicos (actualmente (actually), ahora’ (now)). Sin ahondar en los detalles técnicos, simplemente diré que el uso de funciones y la técnica del Índice Doble satisface los requerimientos del Principio de Composicionalidad. El segundo requerimiento también es satisfecho por el sistema formal del Kaplan-lógico: el contenido de S en C es precisamente una función del contexto de uso a las condiciones de verdad de S.

No obstante, el Kaplan-filósofo no está satisfecho con estos alentadores resultados. Él quiere que una teoría del significado para un lenguaje natural no sólo satisfaga (I) y (II), sino que además capture la información expresada por las oraciones de dicho lenguaje en distintos contextos. En otras palabras, el Kaplan-filósofo busca que su teoría del significado además prediga correctamente lo que es dicho (what is said) por las oraciones del lenguaje natural. Así, el Kaplan-filósofo es consciente de que no es lo mismo hablar de las condiciones de verdad de S en C que hablar de la información expresada por S en C: las condiciones de verdad de S en C dependen de la información que S expresa en C.

Esta observación lleva al Kaplan-filósofo a preferir a la proposición estructurada por encima de la función como el tipo de entidad que cumple el rol de ser el contenido semántico de S en C. Y es que a diferencia de una función o un conjunto de mundos posibles, una proposición estructurada es una entidad que al estar compuesta por objetos, propiedades y estructuras sintácticas similares a las de las oraciones que la expresan, es un mejor candidato a ser el tipo de entidad que puede ser sabida, creída, dudada, etc. por agentes cognitivamente limitados como nosotros. Puesto de otro modo, las proposiciones estructuradas, a diferencia de las funciones, los mundos posibles o las condiciones de verdad, pueden jugar el papel de ser los objetos de las actitudes proposicionales.

Muchas de las confusiones con respecto a la semántica de Kaplan que uno encuentra en la literatura contemporánea se deben en gran medida a no tener en cuenta la tensión entre el proyecto del Kaplan-lógico y aquel del Kaplan-filósofo. Esta omisión quizás sea el pecado original de varias de las teorías semánticas actuales que se consideran herederas de la obra de Kaplan.

Junio 6, 2009

Falibilidad

Archivado en: X Dixit — Eduardo Villanueva Chigne @ 7:50 am
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“I’m greatly indebted to John Bricke, Galen Strawson, and Scott Sturgeon for reading through versions of the book catching a number of first-magnitude errors. If any remain, that’s entirely their fault.”

Jerry Fodor, (2003), Hume Variations.

“I have made the following changes to the circulated text of draft #2. Bibliographical references have been added and the footnotes renumbered. In a few places, a word or a bit of punctuation has been added or a phrase has been moved. I have also corrected a few typographical errors. None of the philosophical errors have been touched.”

David Kaplan, (1989), “Afterthoughts”.

Mayo 22, 2009

¿Significan los Nombres Propios?

Estoy participando en un seminario dictado por David Kaplan sobre su artículo “Words”. Como todos los artículos de Kaplan, éste está repleto de ideas sorprendentes, observaciones agudas, argumentos novedosos y buen sentido del humor. Entre las ideas que sugirió Kaplan ayer, una me sorprendió muchísimo. La idea es la siguiente: Quizás los nombres propios carezcan de significado. Esta idea posiblemente no sorprenda a la mayoría de mortales y con toda razón. Sin embargo, luego de infinitos debates en la filosofía del lenguaje, sobre todo después de Naming and Necessity, la idea –viniendo de Kaplan– sorprende, por decir lo menos. [Kaplan no defendió la idea como suya, sino sólo la mencionó como una alternativa a considerar.]

El tema de discusión era la semántica de los nombres propios. Kaplan distingue entre lo que él llama ‘nombres comunes’ (common currency names) y ‘nombres genéricos’ (generic names). De acuerdo con esta distinción, ‘Aristóteles’ es el nombre genérico tanto del filósofo griego como del magnate griego (Onassis). Sin embargo, el nombre del filósofo y el del magnate son dos nombres comunes distintos. Así, mientras que el nombre genérico ‘Aristóteles’ es uno sólo, hay tantos nombres comunes ‘Aristóteles’ como individuos llamados ‘Aristóteles’ [asumamos, para no complicar más las cosas, que el nombre del filósofo y el del magnate se escriben y pronuncian tal y como lo escribimos y pronunciamos en castellano].

Kaplan sostiene que los nombres genéricos no nombran, no tienen referencia. De hecho, no son nombres propios en sentido estricto y, por lo tanto, no son objeto de estudio de la semántica de los nombres propios o de la lógica. Los nombres que nos interesan en semántica y lógica son los nombres comunes.

Esta manera de distinguir los nombres propios no debe ser confundida con la diferencia tipo/caso (type/token). Por ejemplo, considera la siguiente oración:

(1) Aristóteles fue el maestro de Alejandro Magno y Aristóteles fue el alumno más brillante de Platón.

La oración (1) presenta dos casos (tokens) del nombre común ‘Aristóteles’ (que es uno sólo). Hasta aquí, todo parece ir bien. Sin embargo, ahora considera la siguiente oración:

(2) Aristóteles fue el maestro de Alejandro Magno y Aristóteles se casó con Jacqueline Kennedy.

¿Es la oración (2) verdadera o falsa? Una respuesta en la línea de Kaplan sería: “Depende. Si los dos ‘Aristóteles’ son casos (tokens) de un sólo nombre común, (2) es falsa. Sin embargo, si el primer ‘Aristóteles’ es un caso (token) del nombre común del filósofo y el segundo ‘Aristóteles’ es un caso (token) del nombre común del magnate, (2) es verdadera.” Este mismo razonamiento se aplicaría a (3):

(3) Aristóteles fue el maestro de Alejandro Magno y Aristóteles no fue el maestro de Alejandro Magno.

La oración (3) es contradictoria si y sólo si los dos ‘Aristóteles’ son casos (tokens) de un sólo nombre común. Pero entonces, ¿deberíamos decir que (2) y (3) son ambiguas? De acuerdo con el Millianismo (i.e., la tesis según la cual el significado de un nombre propio es idéntico a su referente), la respuesta pareciera ser “sí”. No obstante, si ésta fuera nuestra respuesta, tendríamos que decir lo mismo de (1), ya que los dos ‘Aristóteles’ podrían ser casos (tokens) de un sólo nombre común, o ser casos (tokens) de dos nombres comunes respectivamente. Pero si esto es así, se sigue que toda oración que contenga ‘Aristóteles’ es ambigua. Peor aún; toda oración que contenga un nombre propio cualquiera (ejm. ‘Juan’, ‘Eduardo’, ‘Rosa’) sería ambigua.

Este resultado es extraño. Es aquí donde la sorpresiva sugerencia de Kaplan adquiere relevancia: “Quizás los nombres propios, como los indexicales, carezcan de significado y sólo tengan reglas de uso.” Claro, si los nombres propios carecen de significado y la ambigüedad es una propiedad de ciertas expresiones con respecto a su significado, se sigue que los nombres propios no son ambiguos. Pero la solución propuesta es doblemente sorprendente: (1) ¡los nombres propios carecen de significado! (2) ¡los indexicales carecen de significado!

En “Demonstratives” Kaplan desarrolla un sistema lógico para lenguajes que contengan indexicales. Allí él sostiene que los indexicales tienen dos tipos de significado: el contenido y el carácter (¿suena familiar?). No voy a entrar en detalles (aquí explico un poco más el tema). Según esta teoría, el carácter de un indexical tal como ‘yo’ es aquello que todo hablante competente tiene que aprender y, por lo tanto, es aquello que comúnmente se considera como el significado de ‘yo’. [De hecho, es el carácter de ‘yo’ lo que un diccionario registra en la entrada para ‘yo’].

Sin embargo, en su conferencia The Meaning of ‘Ouch’ and ‘Oops’ (aquí), Kaplan sugiere que el carácter de ‘yo’ no captura su significado sino su regla de uso. Mas aún, Kaplan sugiere que los indexicales como ‘yo’ u ‘hoy’ se parecen más a ‘hola’ o ‘chao’ que a ‘soltero’ o ‘televisor’; una semántica adecuada para estas expresiones lingüísticas (‘hola’ o ‘chao’) no debería concentrarse en su significado (no tienen) sino en sus reglas de uso.[Para usar competentemente ‘hola’ sólo tienes que saber en qué circunstancias se usa correctamente]. Similarmente, Kaplan sugirió que quizás ésta sea la mejor manera de entender los nombres propios; como carentes de significado pero con reglas de uso.

Esta sugerencia me resulta muy problemática ya que si fuera cierto que los nombres propios carecieran de significado, toda oración declarativa que contenga un nombre propio carecería de valor de verdad o no expresaría una proposición o expresaría una proposición hueca (gappy proposition). Ninguno de estos resultados me parece correcto.

Yo más bien creo que la confusión se debe a la noción de significado. En un sentido coloquial de ‘significado’, es cierto que ‘yo’ u ‘hoy’ carecen de él; lo que aprendemos cuando aprendemos a usarlos correctamente son sus reglas de uso. Sin embargo, en un sentido teórico el significado de una expresión e es la contribución que e hace a las proposiciones que las oraciones que contienen a e expresan. En ese sentido, los indexicales y los nombres propios tienen significado. Es este sentido técnico de ‘significado’ el que nos interesa cuando estudiamos semántica formal y lógica. No creo que Kaplan esté en desacuerdo conmigo en esto. ¿O sí?

Septiembre 20, 2008

Semántica del Uso – Video

Hay dos grandes tradiciones filosóficas en el estudio de la semántica: la tradición Formalista (Frege, Russell, Tarski, Carnap, Church y Kripke) y la tradición Anti-Formalista (Wittgenstein II, Strawson, Austin y Grice). Mientras los primeros estaban principalmente interesados en los lenguajes formales, el foco de atención de los segundos eran los lenguajes naturales.

De más está decir que los desacuerdos entre estas dos tradiciones filosóficas son múltiples. Sin embargo, si hay algo en lo que ambas están de acuerdo, es en lo siguiente: los métodos formales de la semántica teórica no son útiles para el estudio de términos del lenguaje natural tales como los peyorativos, diminutivos, interjecciones y epítetos en general. David Kaplan -el filósofo indirectamente responsable del nombre de este blog- no está de acuerdo. En el interesante video que sigue a continuación (The Meaning of ‘Ouch’ and ‘Oops’), Kaplan defiende la controvertida idea de que los métodos de la semántica formal pueden ser usados fructíferamente en el estudio de estos términos.

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