Contenido y Carácter

Febrero 17, 2008

El Sentido Común y la Filosofía

Uno de los argumentos más famosos de los últimos 38 años en la filosofía del lenguaje es el llamado Argumento Modal de Kripke. Lo que este argumento pretende mostrar es que las teorías descriptivistas (Frege, Russell, etc.) del significado de los nombres propios son falsas. De acuerdo con dichas teorías, el significado (contenido semántico) de un nombre propio (i) es dado por una descripción o un conjunto de descripciones que hablantes en distintos mundos posibles asocian con el referente del mismo, o (ii) es determinado semánticamente por una descripción o un conjunto de descripciones que los hablantes del mundo actual asocian con el referente del mismo. Por ejemplo, según las teorías descriptivistas en cuestión, el significado del nombre ‘Aristóteles’ es dado por descripciones tales como ‘el autor de la Ética a Nicómaco’, ‘el alumno más brillante de La Academia’, ‘el maestro más famoso de Alejandro Magno’, etc.

La idea central de Kripke es que si el significado de un nombre n fuese dado por alguna descripción D (o un conjunto de ellas), el reemplazo de D por n no afectaría el significado de la oración del que n es parte. Sin embargo, Kripke sostiene que dicho reemplazo modifica el perfil modal de la proposición expresada por la oración en cuestión y, por ende, el significado de la misma. Por ejemplo, supongamos que el descriptivista sostiene que el significado de ‘Aristóteles’ es ‘el alumno más brillante de La Academia’. Si el descriptivista estuviese en lo correcto, (1) y (2) expresarían la misma proposición verdadera:

(1) Necesariamente, si Aristóteles existió, Aristóteles fue Aristóteles.

(2) Necesariamente, si Aristóteles existió, Aristóteles fue el alumno más brillante de La Academia.

Sin embargo –Kripke sostiene– es obvio que no es así: mientras que la proposición expresada por (1) es trivialmente verdadera, la proposición expresada por (2) es claramente falsa. La proposición expresada por (2) es falsa, ya que, por ejemplo, es posible que Aristóteles nunca hubiese escuchado de La Academia o que se hubiese dedicado a cualquier otra cosa menos a la filosofía. En otras palabras, hay mundos posibles en los que Aristóteles fue un campesino de Estagira; hay otros en los que fue a La Academia pero no fue el alumno más brillante de su clase; hay otros en los que fue un alfarero mediocre; etc. No obstante, no existe un mundo posible en el que Aristóteles no fue Aristóteles. Por lo tanto, Kripke concluye que las teorías descriptivistas de los nombres propios son falsas y propone en su lugar que los nombres propios son designadores rígidos.

A pesar de estar de acuerdo con Kripke, creo que hay una preocupación metodológica de fondo que es legítima y que el Argumento Modal nos ilustra. Por un lado, es innegable que no basta con ser un hablante competente de un lenguaje L para entender, corroborar o rechazar explicaciones o tesis semánticas sobre L: la semántica es una empresa altamente teórica y las intuiciones lingüísticas de los hablantes de L no son confiables desde un punto de vista semántico. De otro lado, lo que uno normalmente somete a prueba cuando uno quiere ver si una hipótesis semántica H es verdadera son, entre otras cosas, las predicciones que dicha tesis genera. Si las predicciones en cuestión no concuerdan con las intuiciones lingüísticas de la mayoría de hablantes competentes de L, entonces –a falta de una explicación sólida de por qué sucede esto uno debería rechazar o por lo menos dudar de la verdad de H.

En el Argumento Modal, Kripke apela a nuestras intuiciones sobre el perfil modal de la proposición expresada por (2) a fin de rechazar una tesis semántica. Pero, ¿por qué deberíamos darle más crédito a nuestras intuiciones que a la tesis descriptivista? Este caso es particularmente difícil ya que Kripke apela a intuiciones sobre las nociones técnicas de necesidad y posibilidad. El hablante competente promedio del Castellano (y, me atrevería a apostar, de la mayoría de lenguajes naturales) usa estas nociones de manera sustancialmente diferente al uso reglamentado del filósofo y el lógico. Éste sería un problema grave si el único argumento en contra del descriptivismo fuese el Argumento Modal. Felizmente hay muchos otros. Sin embargo, esta tensión entre lo que se suele llamar el sentido común (o en este caso ‘intuiciones’) y la filosofía reaparece con frecuencia en distintas áreas de la investigación filosófica y uno se ve muchas veces en el problema de decidir cuánto peso se le debería asignar al mismo. Éste es, sin duda, un problema difícil.


1 comentario »

  1. Pero la apuesta de Kripke hacia la intuición común, digamos, logra producir una lógica del lenguaje mucho más rica que la que proporciona el descriptivismo, puesto que se acerca al modo en que usamos el lenguaje cotidianamente. ¿Porqué más rica? Porque introduce la creencia y la transmisión cultural de los significados/referencias en el análisis del lenguaje, permite la consideración de lo posible y no sólo de lo que es de hecho. Las teorías descriptivistas descansan en un supuesto metafísico de esencialidades, mientras que Kripke asume un enfoque por lo menos más prudente y hasta pragmático.

    Comentario por Matías — Mayo 12, 2008 @ 12:13 pm | Responder


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