Contenido y Carácter

Febrero 20, 2008

I Coloquio Peruano de Filosofía Analítica

Archivado en: Eventos — Eduardo Villanueva Chigne @ 1:13 pm
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El 18, 19 y 20 de Agosto de 2008 se realizará el I Coloquio Peruano de Filosofía Analítica en el Auditorio de la Facultad de Letras y Ciencias Humanas de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos. Según la información de la website del evento (aquí), los ponentes invitados son:

Alberto Cordero-Lecca (City University of New York)

Mitchell S. Green (Universidad de Virginia)

Trenton Merricks (Universidad de Virginia)

Luis Piscoya Hermoza (Universidad Nacional Mayor de San Marcos)

Agustín Rayo (Instituto Tecnológico de Massachusetts – M.I.T.)

Jorge Secada Koechlin (Universidad de Virginia)

Con estos invitados, el evento promete ser muy bueno. Me encantaría participar en el Coloquio. Ojalá que mis actividades para esas fechas me lo permitan.

Actualización: Veo que a la lista inicial de invitados se ha agregado a Stephen Yablo (M.I.T.), Claudine Tiercelin (Universidad de París XII) y a Pascal Engel (Universidad de Ginebra). Esto hace más atractivo aún el coloquio.

Febrero 17, 2008

El Sentido Común y la Filosofía

Uno de los argumentos más famosos de los últimos 38 años en la filosofía del lenguaje es el llamado Argumento Modal de Kripke. Lo que este argumento pretende mostrar es que las teorías descriptivistas (Frege, Russell, etc.) del significado de los nombres propios son falsas. De acuerdo con dichas teorías, el significado (contenido semántico) de un nombre propio (i) es dado por una descripción o un conjunto de descripciones que hablantes en distintos mundos posibles asocian con el referente del mismo, o (ii) es determinado semánticamente por una descripción o un conjunto de descripciones que los hablantes del mundo actual asocian con el referente del mismo. Por ejemplo, según las teorías descriptivistas en cuestión, el significado del nombre ‘Aristóteles’ es dado por descripciones tales como ‘el autor de la Ética a Nicómaco’, ‘el alumno más brillante de La Academia’, ‘el maestro más famoso de Alejandro Magno’, etc.

La idea central de Kripke es que si el significado de un nombre n fuese dado por alguna descripción D (o un conjunto de ellas), el reemplazo de D por n no afectaría el significado de la oración del que n es parte. Sin embargo, Kripke sostiene que dicho reemplazo modifica el perfil modal de la proposición expresada por la oración en cuestión y, por ende, el significado de la misma. Por ejemplo, supongamos que el descriptivista sostiene que el significado de ‘Aristóteles’ es ‘el alumno más brillante de La Academia’. Si el descriptivista estuviese en lo correcto, (1) y (2) expresarían la misma proposición verdadera:

(1) Necesariamente, si Aristóteles existió, Aristóteles fue Aristóteles.

(2) Necesariamente, si Aristóteles existió, Aristóteles fue el alumno más brillante de La Academia.

Sin embargo –Kripke sostiene– es obvio que no es así: mientras que la proposición expresada por (1) es trivialmente verdadera, la proposición expresada por (2) es claramente falsa. La proposición expresada por (2) es falsa, ya que, por ejemplo, es posible que Aristóteles nunca hubiese escuchado de La Academia o que se hubiese dedicado a cualquier otra cosa menos a la filosofía. En otras palabras, hay mundos posibles en los que Aristóteles fue un campesino de Estagira; hay otros en los que fue a La Academia pero no fue el alumno más brillante de su clase; hay otros en los que fue un alfarero mediocre; etc. No obstante, no existe un mundo posible en el que Aristóteles no fue Aristóteles. Por lo tanto, Kripke concluye que las teorías descriptivistas de los nombres propios son falsas y propone en su lugar que los nombres propios son designadores rígidos.

A pesar de estar de acuerdo con Kripke, creo que hay una preocupación metodológica de fondo que es legítima y que el Argumento Modal nos ilustra. Por un lado, es innegable que no basta con ser un hablante competente de un lenguaje L para entender, corroborar o rechazar explicaciones o tesis semánticas sobre L: la semántica es una empresa altamente teórica y las intuiciones lingüísticas de los hablantes de L no son confiables desde un punto de vista semántico. De otro lado, lo que uno normalmente somete a prueba cuando uno quiere ver si una hipótesis semántica H es verdadera son, entre otras cosas, las predicciones que dicha tesis genera. Si las predicciones en cuestión no concuerdan con las intuiciones lingüísticas de la mayoría de hablantes competentes de L, entonces –a falta de una explicación sólida de por qué sucede esto uno debería rechazar o por lo menos dudar de la verdad de H.

En el Argumento Modal, Kripke apela a nuestras intuiciones sobre el perfil modal de la proposición expresada por (2) a fin de rechazar una tesis semántica. Pero, ¿por qué deberíamos darle más crédito a nuestras intuiciones que a la tesis descriptivista? Este caso es particularmente difícil ya que Kripke apela a intuiciones sobre las nociones técnicas de necesidad y posibilidad. El hablante competente promedio del Castellano (y, me atrevería a apostar, de la mayoría de lenguajes naturales) usa estas nociones de manera sustancialmente diferente al uso reglamentado del filósofo y el lógico. Éste sería un problema grave si el único argumento en contra del descriptivismo fuese el Argumento Modal. Felizmente hay muchos otros. Sin embargo, esta tensión entre lo que se suele llamar el sentido común (o en este caso ‘intuiciones’) y la filosofía reaparece con frecuencia en distintas áreas de la investigación filosófica y uno se ve muchas veces en el problema de decidir cuánto peso se le debería asignar al mismo. Éste es, sin duda, un problema difícil.

Febrero 8, 2008

¿Qué fue lo que dijo Zuleika?

Archivado en: Filosofía del Lenguaje — Eduardo Villanueva Chigne @ 2:33 pm
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Esta es una verdad obvia: si yo tengo 10 lápices en mi escritorio, puedo inferir que tengo 1 lápiz en mi escritorio. Por lo tanto, si alguien me pregunta “¿Tienes un lápiz?” y yo respondo “Sí”, estoy diciendo algo verdadero. Ahora, supongamos que en una reunión conoces a Zuleika y entablas una conversación con ella. En medio de la conversación, Zuleika menciona algo sobre su hijo. Supongamos que no imaginabas que Zuleika fuese madre (quizás porque se le ve muy joven, etc.) y le preguntas sorprendido “¿Tienes un hijo?”. Ella te responde “Sí, tengo un hijo”. Al día siguiente, conversando con un amigo sobre la reunión del día anterior y sobre la simpática Zuleika, te cuenta que él la conoce desde hace algunos años atrás. Es más, este amigo te cuenta que Zuleika no sólo tiene 1 hijo sino que tiene 10 hijos. ¿Concluirías que lo que Zuleika te dijo fue falso?

Supongamos que recuerdas que en medio de la conversación con Zuleika le preguntaste “¿Cuántos años tienes?” a lo que ella respondió “Tengo 20 años”. Supongamos que también le cuentas esto a tu amigo y él te dice extrañado que Zuleika tiene en realidad 40 años (tu amigo trabaja para la oficina de registros y sabe exactamente cuantos años tiene Zuleika). ¿Pensarías que lo que ella te dijo fue falso? Mucha gente tiene la intuición de que en ambos casos lo que Zuleika te dijo fue falso.

Ahora, compara estos casos con el caso con el que inicié este post: pasa una semana desde aquella reunión y decides ir a visitar a Zuleika (a pesar del “incidente” quieres darle el beneficio de la duda). Supongamos que luego de conversar un rato con ella le pides su número telefónico. Sacas un papel para apuntarlo y le preguntas “¿Tienes un lápiz?”. Ella responde “Sí, tengo un lápiz en mi escritorio” y te señala el camino hacia su estudio. Vas rápidamente hacia allá y encuentras que tiene 10 lápices encima de su escritorio. ¿Inferirías que lo que te dijo fue falso? Mucha gente tiene la intuición de que no sería razonable hacer esta inferencia. ¿Cómo se explican estas intuiciones aparentemente conflictivas? Se me ocurren dos alternativas:

Alternativa 1: Lo que dijo Zuleika en todas las ocasiones fue verdadero. Si hubo algún malentendido o apariencia de conflicto, no fue culpa de ella sino del intérprete.

Alternativa 2: Lo que ella dijo en los 2 primeros casos fue falso. Cuando ella dijo “Tengo un hijo” lo que realmente estaba diciendo era “Tengo exactamente un hijo”. Cuando dijo “Tengo 20 años” lo que realmente estaba diciendo era “Tengo 20 años en total” o “Tengo exactamente 20 años”. Sin embargo, en el tercer caso, lo que ella dijo fue verdadero. Cuando dijo “Tengo un lápiz en mi escritorio” lo que realmente estaba diciendo era “Tengo por lo menos un lápiz en mi escritorio”.

¿Qué alternativa explica mejor los hechos? Creo que ambas tienen ventajas y desventajas. La ventaja de la Alternativa 1 es que nos da una explicación uniforme y general del significado de oraciones de la forma ‘Tengo n Fes’ (donde ‘n’ es un numeral y ‘F’ un predicado). El problema de la Alternativa 1 es que va en contra de las intuiciones de quizás la mayoría de hablantes competentes: si A te dice que tiene 20 años y luego descubres que tiene el doble, lo normal es que infieras que A te mintió con respecto a su edad. La Alternativa 2, por su lado, tiene la ventaja de que está en concordancia con estas intuiciones. Sin embargo, el problema de la Alternativa 2 es que no nos ofrece una explicación uniforme y general del significado de oraciones de la forma ‘Tengo n Fes’.

Creo que el conflicto de intuiciones sobre los casos descritos se debe a la ambigüedad de la expresión ‘lo que dijo’. En un sentido, ‘lo que dijo’ refiere al significado de las palabras expresadas independientemente del contexto en el que fueron enunciadas y de las intenciones del hablante. En otro sentido, refiere a la información transmitida por medio de las palabras enunciadas, pero que va más allá del significado de las mismas. De estar en lo correcto, podemos decir que la Alternativa 1 se enfoca en el primer sentido, mientras que la Alternativa 2 en el segundo sentido. Esta es, obviamente, una respuesta muy rápida ya que presupone una compresión clara de lo que es el significado de una expresión. Sin embargo, el problema de la demarcación del significado es mucho más complicado de lo que uno quisiera.

Febrero 3, 2008

Posibles Verdades Imposibles de Creer

Archivado en: Misceláneos — Eduardo Villanueva Chigne @ 10:36 pm
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¿Existe alguna posible verdad imposible de ser creída racionalmente?


Ver respuesta en los comentarios.

Febrero 2, 2008

El Principio de Indiferencia

En uno de los comentarios a mi post anterior mencioné que usualmente la respuesta ‘1/3’ al Problema de la Bella Durmiente asume una versión problemática del Principio de Indiferencia (PI) [mucha gente que cree que la respuesta es ‘1/2’ también asume PI]. Quisiera ahora elaborar un poco lo que quise decir. En su versión más cruda, PI dice lo siguiente:

(PI) Si no hay una diferencia relevante entre dos resultados o hipótesis, no existe una razón suficiente para creer más en uno que en el otro.

De acuerdo a PI, se sigue que, en el caso mencionado, un agente racional debería asignarle el mismo grado de creencia (probabilidad subjetiva) a ambos resultados o hipótesis. Sin embargo, PI tiene serios problemas (el más notorio quizás se deba a la Paradoja de Bertrand). No voy a ahondar en esos problemas aquí. Lo que quiero recalcar es que la moraleja de los mismos es que PI tiene que ser restringido de alguna manera a fin de que sea verdadero. Adam Elga no se ocupa de esto en su artículo sobre la Bella Durmiente, pero sí lo hace en su artículo “Defeating Dr. Evil With Self-Locating Belief” (PDF). El ejemplo que usa es el siguiente:

El Dr. Evil quiere destruir la Tierra. Enterados de esto, un grupo de filósofos le envían un mensaje informándole que ellos han construido un duplicado del Dr. Evil. En dicho mensaje le dicen que el duplicado –al que ellos creativamente han bautizado “Dup”– tiene, en cada en cada instante, los mismos estados mentales (es decir, las mismas creencias, percepciones, recuerdos, etc.) que el Dr. Evil. Incluso –le dicen– tanto el Dr. Evil como Dup están recibiendo en aquel mismo instante este mensaje. El mensaje termina con la siguiente advertencia: “Si en los próximos 10 minutos Dup desactiva la bomba con la que pretende destruir la Tierra, lo trataremos bien. De lo contrario, será torturado.” El Dr. Evil, que está seguro de que los filósofos nunca mienten y cuya tolerancia al dolor físico es mínima, se encuentra en un serio dilema: ¿debería desactivar la bomba o no?

La respuesta de Elga es que el Dr. Evil debería desactivar la bomba, ya que debería tener el mismo grado de creencia de que él es el Dr. Evil o Dup. La respuesta de Elga se basa en una versión restringida de PI. La idea fundamental de su versión restringida de PI podría expresarse así:

(PI*) Si toda la evidencia a la que un agente racional puede tener acceso es insuficiente para decidir si dicho agente es A o B o C otodas estas posibilidades deberían recibir el mismo grado de creencia por parte del agente en cuestión. [Restricción: tanto A como B como C, … existen en el mismo mundo posible.]

¿Quién podría dudar de la verdad de PI*? El problema es que si PI* es verdadero, todos deberíamos ser escépticos con respecto a nuestra identidad personal: si nuestro universo es infinito, es perfectamente posible que en algún lugar remoto exista un duplicado exacto de nosotros, cuyos estados mentales sean idénticos a los nuestros en cada momento. El que uno no suela pensar en estas cosas o el que esta posibilidad suene descabellada, es independiente del hecho de que sea perfectamente posible. Pero si esto es así, se sigue de PI* que deberíamos tener el mismo grado de creencia de que somos o el original o el duplicado. Brian Weatherson sostiene que PI* es falso (ver “Should We Respond to Evil With Indifference?” PDF). Uno de sus contraejemplos a PI* es el siguiente:

Supongamos que tienes un número infinito de duplicados en el universo (nuevamente, si el universo es infinito, esta posibilidad no es del todo descabellada). Supongamos que la cantidad de duplicados es numerable, es decir, que tienes un duplicado por cada número natural. Llamemos a cada uno de estos duplicados D1, D2… Dn (asumamos que D1 es el “original”). Si esto es así, PI* te dice que deberías tener el mismo grado de creencia de que eres uno (cualquiera) de esos infinitos duplicados. Por lo tanto, la probabilidad de que seas Dx es 1/n, donde ‘n’ es el número total de duplicados. Pero si dividimos 1 entre infinito, obtenemos 0. ¡Absurdo! ¡Tú tienes que ser uno de ellos! En otras palabras, tienes que asignarle probabilidad 1 a la siguiente proposición “Yo soy D1 o D2 o … o Dn” (por el Axioma de Aditividad Numerable). [En realidad, n no puede ser infinito, ya que el infinito no es un número, ni el resultado puede ser 0 sino, en todo caso, un número que se aproxima a 0... pero, informalmente, creo que se entiende la idea... ¿o quizás no? De repente aquí esta el problema… mmmmm...]. En consecuencia, o rechazamos PI* o rechazamos el Axioma de Aditividad Numerable. Weatherson sostiene que debemos rechazar PI*. ¿Está en lo correcto?

Nota:

El Axioma de Aditividad Numerable dice lo siguiente: Si S es un conjunto numerable de proposiciones y 2 miembros cualesquiera de S son incompatibles entre si, la probabilidad de que un miembro de S sea verdadera es igual a la suma de las probabilidades de cada miembro de S. En otras palabras, si los miembros de S son p1, p2, …, entonces Pr(p1 p2 …) = Pr(p1) + Pr(p2) + …

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